“Las cifras de Bullying no reflejan la realidad que se vive"

Por: Felipe Ahumada Fotografía: La Discusión 10:25 PM 2016-11-30

Las cifras de la Superintendencia de Educación presentan 161 casos de maltrato en establecimientos educacionales en Ñuble, de los que 64 obedecen a aquellos causados entre los mismos alumnos.

Pero estos números son los totales entre el 2014, 2015 y el primer semestre escolar del 2016, lo que para el jefe de la Brigada de Investigación Criminal (Bicrim) de la PDI de Chillán, subprefecto Enrique Foster, “se trata de cifras que no representan para nada la realidad que se vive en los colegios, escuelas y liceos de Ñuble”.

De tal afirmación se desprende que la cifra negra de este tipo de casos, que desde el 17 de septiembre de 2011 está integrada a la Ley 26.536 como “acoso escolar”, es inconmesurablemente mayor a la denunciada.

“El resto se lo calla, especialmente en escuelas de sectores rurales o en las que tienen alumnos en riesgo social, debido a que la cultura que ellos traen desde sus casas es la de no acusar, de no ser sapo, de arreglar los líos personalmente y sin ayuda de las autoridades”, apuntó el subprefecto.

Y uno de los casos que mejor ejemplifica lo expresado por el detective, es el que se resolvió el martes último en la Corte Suprema, respecto al suicidio del menor Patricio Cárcamo, de 16 años (en 2011) atribuido a un acoso constante físico y sicológico, sufrido mientras fue alumno del Centro de Educación La Araucana.

La investigación demostró que pese a los apremios que lo llevaron a quitarse la vida en su casa, en Chillán Viejo, ni él ni su familia jamás presentaron una denuncia formal ni en la policía, ni en el Ministerio Público, ni en la Superintendencia de Educación. En otras palabras, esta tragedia fue uno de los casos englobados en la llamada cifra negra.

Ante problemas enraizados en aspectos culturales, los cambios y mejoras suelen marchar con una lentitud capaz de sepultar esperanzas, por lo que “más allá de cumplir nuestro objetivo policial respecto a la investigación de algún caso, o el de nuestro rol fiscalizador del Estado respecto a establecimientos municipalizados, es muy poco lo que se puede hacer. Salvo las charlas y las campañas preventivas que se vienen haciendo hace años en todo el país”, explica Foster.

Y aquí se muestra otra paradoja, ya que -según cifras de la PDI- la mayoría de las denuncias estampadas y que conllevan a una investigación provienen de colegios particulares, “a los que no tenemos acceso, a menos que contemos con la autorización del colegio, por ser entes particulares”, aclara.

Liceos con cámaras en los pasillos
La mayoría de los casos de agresiones aumentan en los meses de marzo, abril, noviembre y diciembre.

El estrés, y un mayor números de horas sin actividades dentro de los establecimientos, serían algunas de las causas.

“Además, lo que muchos de los agresores están haciendo para evitar ser sorprendidos por sus profesores es atacar a los compañeros fuera del colegio. Los esperan, junto a más jóvenes y cuando sienten que ya están fuera de la zona de resguardo, los atacan”, precisa Foster.

Sin embargo, los colegios no zafan de responsabilidad por esta causa, ya que es obligación de los profesores e inspectores de tales establecimientos advertir situaciones anómalas en la convivencia de sus alumnos y aplicar los protocolos disciplinarios correspondientes.

De hecho, en el fallo condenatorio de la Corte Suprema, respecto al caso de Patricio Cárcamo, se argumenta como causal de la sanción el que La Araucana no le brindara la seguridad necesaria a la víctima ni que activara los protocolos disciplinarios, después de ocurrido los decesos.

“El problema es tan complejo, que algunos establecimientos de Chillán optaron simplemente por instalar cámaras de seguridad en los patios del establecimiento, como por ejemplo en el Liceo Marta Brunet y en el Narciso Tondreau. Por lo que nos han comunicado, se trata de medidas que han dado resultado porque los alumnos, al saberse observados, se contienen de ser agresivos”, finalizó Foster.

Más punk, menos reggaetón
“Ponte en cuatro que la cosa se puso dura”;  “Ponme esa nalga que a ti te voy a inyectar, si te duele por detrás, te doy por el frente”; “Si sigues en esa actitud voy a violarte, hey, así que no te pongas alzadita”.

Tales frases, son letras extraídas de canciones de Reggaetón, el ritmo que más se escucha en jardines infantiles, fiestas escolares y en las actividades deportivas familiares organizadas por la municipalidad los fines de semana.

“¿Y si eso no es una legitimización oficial a la violencia y a la denigración humana, entonces qué es?”, se pregunta el profesor y magister (UBB) en Historia, Gustavo Campos, quien además es experto en la historia de la delincuencia en la Región del Bío Bío.

El docente, remata la idea con otra reflexión: “Lo peor de todo es que son los profesores y nuestras autoridades municipales quienes la ponen por alto parlantes para entretener a los niños, entonces ¿qué esperan?, ¿alumnos pacíficos, respetuosos de la mujer?”.

Campos, explica que si bien el bullying ha existido siempre es hoy que se cuenta con elementos de difusión digital casera, que se ha hecho más visible, “pero las causas siempre son las mismas, la indolencia del profesorado, la negligencia parental y un sistema escolar de herencia militar prusiana, donde hay mucha represión y una valorización excesiva del que obtiene mejores notas, hundiendo cualquier otro tipo de talentos o habilidades, por lo que la carga de frustración y presión que se siente desde muy temprana edad es enorme”.

El profesor Campos, suma experiencia docente en Concepción, San Pedro de la Paz, Chillán y en sectores rurales de Ñuble, organizando debates y jornadas de reflexión, lo que le permite llegar a la conclusión de que “esta provincia debe ser una de las que mayores problemas de bullying presenta porque hay muchos niños que son hijos de peones y hacendados, por lo tanto callan todo lo malo que les pasa, le tienen un temor exacerbado al jefe, al patrón o a la autoridad y que no quepa la menor duda de que ellos jamás delatarían a quienes los someten a malos tratos, por miedo al rechazo del resto de la comunidad escolar”.

Las cifras, al menos, le dan la razón porque entre 2014 y 2016, la cantidad de denuncias emanadas de Ñuble son 161, versus 112 del Bío Bío, 72 de Arauco y 173 de Concepción, es decir, apenas nuestra provincia tiene estampados apenas 11 casos menos que la capital regional.

En el desglose, si se considera solo el maltrato físico entre alumnos, Concepción presenta 79 casos, Ñuble, 64 (apenas 15 menos); Bío Bío 33 y Arauco 21.

Curiosamente, en cuanto a malos tratos de adultos a menores dentro de un establecimiento estudiantil, Ñuble está a la cabeza, con 30 casos. Le siguen Bío Bío con 22, Concepción con 20 y Arauco con 11.

“Esto es una consecuencia del modelo cultural occidental, en el que todos se sienten mejores que el resto, por lo tanto imponen - y a la fuerza si es necesario- sus convicciones al resto. El bullying es reflejo de eso, los causantes son los más fuertes, los que tienen el liderazgo y la popularidad y las víctimas son los que ellos consideran alejados de sus patrones de conducta”, dijo el docente.

Campos, dentro de sus estrategias educativas ha hecho que sus alumnos analicen canciones de bandas de género punk, como Dead Kennedys, The Clash o La Polla Records, “porque ellos invitan a rebelarse contra la opresión, a reclamar por sus derechos y exigir la libertad de ser ellos mismos. La reacción de los alumnos es siempre la misma, dicen sentirse representados y con ganas de comenzar con cambios en su vida”.

Hay que creerle al niño
La sicóloga clínica Inés Gatica tiene actualmente como paciente a un niño de 6 años, quien lento para hacer tareas, sufre los castigos constantes de su profesora (colegio particular) quien lo obliga a terminarlas en los recreos.

“Luego, cuando el resto vuelve a clases, él se pone a conversar-lo que es lógico-lo anotan y llaman al apoderado”, dice la profesional.

La consecuencia es que el niño admitió haber conversado en clases y así le da la razón a su profesora. “Pero eso está pésimo, la profesora vulnera los derechos de ese niño y lo rotula ante los compañeros, ante los padres y ante sí mismo, como un tonto o un alumno problema, entonces lo discriminan. Eso es bullyng”, advierte.

Inés Gatica, llama a los padres a advertir actitudes de irascibilidad, miedo a ir a clases, depresiones o bajas en las calificaciones, “porque son indicios claros de que el niño no lo pasa bien en el colegio. Hay que escucharlos y creerles”, invitó.

Legalmente, los colegios están obligados a intervenir en casos de malos tratos, y si es que éste se recibe por parte de un adulto, “un informe sicológico lo puede demostrar”, advirtió.

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