[Editorial] Comercio ambulante ilegal

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:35 AM 2016-11-28

Recorrer las calles del centro de Chillán permite constatar que la ilegalidad está consagrada y el comercio ambulante sigue consolidándose a paso firme, a vista y paciencia de la Municipalidad, de Carabineros y del Servicio de Impuestos Internos. 

A través de la Ley de Transparencia, LA DISCUSIÓN obtuvo la lista total de comerciantes ambulantes oficiales registrados en el municipio de Chillán (340) y luego la comparó con la realidad de la ocupación de las calles céntricas, lo que deja una diferencia de casi 30 por ciento de vendedores ilegales y la conclusión que los diferentes servicios públicos responsables de esta problemática  han renunciado a su rol fiscalizador y han decidido consagrar la ilegalidad en las calles de Chillán. 

Esta consagración ha generado un explosivo aumento de estos comerciantes en los sectores con mayor afluencia de público, convirtiéndose en una competencia desleal para los pequeños comerciantes establecidos, además de constituir una ocupación irregular de un bien nacional de uso público, con las consiguientes externalidades negativas que afectan el libre tránsito de los peatones y la facilitación de la delincuencia. 

¿Existiría el mismo trato de parte de inspectores municipales o Carabineros si un comerciante establecido decidiera prolongar su sala de ventas hasta la vereda? ¿Se haría la vista gorda si estos pequeños empresarios del comercio optaran por no dar boleta, pagar una patente más baja o atrasarse en el pago de las cotizaciones de sus trabajadores? 

Seguramente un equipo de fiscalizadores del Servicio de Impuestos Internos, de la Dirección del Trabajo y del municipio caerían con todo el peso de la ley, que es lo que corresponde en cualquier país donde existe un Estado de Derecho. 

¿Qué ocurre en Chillán, entonces, que cada día se parece más a ciudades de países subdesarrollados, donde el comercio informal es la regla? 

El reclamo de los comerciantes chillanejos es muy cierto en muchos aspectos, ya que la pasividad de las autoridades con los vendedores callejeros no es otra cosa que la validación de la competencia desleal. 

Y es desleal pues encubre un negocio operado por mayoristas que abastecen a estos vendedores, que en la práctica, actúan como comisionistas, y que a diferencia de lo que ocurre en las empresas, no cuentan con cotizaciones previsionales ni seguro de salud, costos que en el largo plazo terminará pagando el Estado, es decir, todos nosotros. 

Además, este comercio no paga impuestos ni patentes, lo que permite ofrecer productos a muy bajo precio, aunque de dudosa calidad. Y como si fuera poco, respecto de ellos no opera el Sernac ni ninguna institución que regule su funcionamiento. 

Frente a esta argumentación, hay gente que defiende a los vendedores ambulantes y apela a factores sociales para reclamar que se les deje tranquilos, basados en que “todos tienen derecho a trabajar”, sobre todo si el desempleo en Chillán sigue alto, por sobre el promedio regional y nacional.  Sin embargo, esas mismas razones permiten justificar el tráfico de drogas y otros negocios ilícitos, sin considerar que el comercio es el gran motor generador de empleos en la capital de Ñuble, y por ende, el mayor perjudicado con el comercio ilegal.

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