El mayor desafío de los pequeños: la cadena de comercialización

Por: Roberto Fernández Fotografía: Archivo 05:30 PM 2016-11-25

Pese a los avances en términos productivos que se observan entre los pequeños agricultores, aún existe una “pata coja”, el gran desafío pendiente de este segmento: avanzar en la cadena de comercialización.


Y es que como lo reconoce María Eugenia Celedón, quien produce agroprocesados, como miel y subproductos y cosmética natural en Chillán Viejo, para los pequeños es muy difícil acceder a canales de comercialización formales, porque, por un lado, los volúmenes de producción son pequeños, y por otro lado, los niveles de informalidad son muy altos, cercanos al 80%, lo que está relacionado con la ausencia de permisos sanitarios y tributarios, entre otros.


En consecuencia, los pequeños productores, segmento que abarca a la agricultura familiar campesina, la mayoría de las veces depende de los precios que paguen los “conchenchos” o intermediarios. “Los pequeños campesinos no tienen el volumen para negociar precio, y no existen para los grandes poderes compradores. Por eso, ellos están destinados a continuar siendo el eslabón más débil de la cadena, con pocas esperanzas de lograr mejores precios”, afirma Celedón.


Por ello es que uno de los ejes de la gestión del Indap ha sido atacar este problema, fomentando la asociatividad, por un lado, y por otro, gestionando y promoviendo los llamados “circuitos cortos”, es decir, el trato directo entre productor y consumidor, por ejemplo, a través de ferias.


Para el Indap, el desafío de mejorar los canales de comercialización se ha vuelto prioritario, según explica su director regional, Andrés Castillo: “estamos interesados no solo en la producción de la agricultura familiar campesina, miramos con gran interés la comercialización de los productos campesinos”. 


Castillo sostiene que “durante esta gestión apoyamos la comercialización a través de ferias, fiestas costumbristas, mercados y tiendas, canales de comercialización para los productos de los pequeños campesinos que permiten ofrecer lo mejor del campo en la ciudad, en productos frescos, naturales, agroprocesados, preparaciones gastronómicas patrimoniales; sobre esa base estamos apoyando este tipo de actividad. Además, estamos trabajando en rutas de procesos y ofertas y lugares donde la gente pueda adquirir productos campesinos, preparaciones culinarias, donde pueda degustar productos rurales e innovadores”.


Ferias
En la práctica, las ferias se han convertido en la principal instancia que permite poner frente a frente a pequeños productores y compradores, con la posibilidad de obtener mayores retornos, prescindiendo del intermediario, una realidad que se observa en rubros tan variados como los vinos, las hortalizas, los productos apícolas, los agroprocesados y los gourmet.


Dado que son las zonas urbanas los mayores centros de consumo, la clave está en la realización de ferias campesinas en las ciudades. Ejemplo de ello es la feria “Lo rural en lo urbano”, que el 3 y 4 de diciembre próximo tendrá su segunda versión en el parque monumental de Chillán Viejo.


María Eugenia Celedón es la presidenta de la agrupación “Lo rural en lo urbano Chillán Viejo”, que organiza esta actividad, con el apoyo de Indap y el municipio chillanvejano, y expone que la expectativa es llegar a los 10 mil asistentes, “porque habrá espectáculos artísticos, tendremos cinco patios de comida, degustaciones y coincidirá con la Teletón, que tendrá un show en el mismo lugar”.


En la feria participarán 40 expositores de Chillán Viejo, Pinto, Chillán, Portezuelo y El Carmen, con rubros tan variados como cerveza artesanal, vinos, mermeladas, conservas, hortalizas, miel, flores, plantas, cosmética natural y artesanías. Sin embargo, plantea Celedón, el problema de las ferias es que no son permanentes, “por eso queremos pedirle al municipio que nos autorice una feria estable los sábado y domingo todo el año, donde la gente pueda comprar, entretenerse y ser parte del rescate de las raíces campesinas”.


Tiendas
En respuesta a la necesidad de contar con canales permanentes, es que desde el ámbito público y privado han surgido tiendas especializadas en la comercialización de productos campesinos, específicamente de agroprocesados, donde los vinos llevan la delantera.


Ejemplos como los emprendimientos Emporio Gourmet y La Canasta Nativa, en Chillán, surgieron como una forma de acercar esta producción en pequeña escala al público local, con bastante éxito, porque apuntan a nichos específicos con precios competitivos. A estos se suma la tienda Alma del Itata, en Ñipas, desarrollada por la empresa forestal Arauco, donde se comercializan vinos del Valle del Itata y algunos productos gourmet.


Desde el sector público, en tanto, Indap está potenciando las llamadas “Tienda mundo rural”, una marca que está creciendo a nivel nacional, con un modelo de negocios mixto, en que si bien son administradas por organizaciones campesinas, la inversión inicial y el primer año de instalación son subsidiados con recursos estatales.


“En la Región del Bío Bío ya contamos con una Tienda Mundo Rural, en Concepción, que permite ofrecer lo mejor del campo a los visitantes del mayor centro de comercialización de la región. Ésta es la segunda en el país (la primera se estableció en Santiago), y luego tendremos una más, en el Mall de Chillán, y así se irán sumando más”, adelanta.


En el caso de la tienda que se ubicará en el Mall Arauco Chillán, Castillo explica que la idea es que después de un año estas tiendas sean autosustentables y no dependan del apoyo estatal. “Esto se logró con recursos del Programa de Zonas de Rezago y del Gobierno Regional”, añade.


Sin embargo, para que un pequeño productor pueda acceder a comercializar sus productos en estas tiendas, debe superar un proceso de selección en que se exige entre los requisitos, cumplir con toda la normativa vigente, desde iniciación de actividades, pasando por resolución sanitaria y rotulación, lo que representa una enorme valla para el grueso de los pequeños.


INFORMALIDAD
La informalidad es el principal obstáculo para que los pequeños productores puedan avanzar en la comercialización, expresa Celedón, quien enumera las trabas en el camino a la formalización: “las exigencias del mercado y de las leyes están fuera de nuestro alcance, por ejemplo, ahora se exige la facturación electrónica y con la reforma tributaria el sistema se hizo más complejo, entonces, por un lado se necesita internet, y son muchas las zonas de Ñuble que no tienen cobertura, y por otro lado, se necesita un contador, y con suerte un pequeño productor puede pagar sueldos, menos un contador”.


Además, la dirigenta afirma que están las exigencias sanitarias, donde un elemento clave es tener agua potable si se quiere contar con un permiso, “y nuevamente nos encontramos con que muchos, la mayoría, usa agua de pozo, porque no todos tienen acceso al agua potable rural, entonces, lo que uno siente es que nos miden con la misma vara que a los grandes”.


La respuesta desde el Indap coincide en el diagnóstico, pero desde la perspectiva de su director la solución está en la asociatividad. “La tributación siempre ha sido una complicación en la agricultura familiar campesina, que siempre trabajó con renta presunta, pero en la medida que los pequeños productores se organicen pueden lograr ventajas no solo en materia de administración y gestión, sino que pueden comprar y vender juntos a precios más convenientes, pueden responder a la exigencia de la factura electrónica y pueden acceder al apoyo estatal, por ejemplo, en asesoría técnica; hay herramientas y hay instancias como el Centro de Desarrollo de Negocios de Chillán, que es de Sercotec, y que presta asesoría principalmente en el ámbito comercial y de gestión; también está el Servicio de Impuestos Internos y los Prodesal de Indap, de hecho, nuestra política es fomentar y fortalecer las organizaciones”.


En materia sanitaria, Castillo precisa que por un lado se está avanzando en el aumento de la cobertura del agua potable rural, con recursos del MOP y del Gobierno Regional, y paralelamente se está trabajando a través de los Prodesal -gracias a convenios de Indap con los municipios- con las organizaciones en proyectos para que sus productos obtengan resolución sanitaria, así como en iniciativas de riego, buenas prácticas agrícolas y de potabilización de agua.

“Hoy existen las tecnologías para mejorar los procesos, hay sistemas de proceso comunitarios que queremos implementar a partir del próximo año, donde grupos  puedan hacer uso de ellos, los que no son tan caros si se abordan de manera asociativa,  tenemos instrumentos de apoyo de hasta $1,3 millones y si tenemos 10 productores, podemos apoyarlos con $13 millones, en circunstancias que un sistema de éstos, que consiste en dos contenedores y su equipamiento, cuesta cerca de $20 millones”.

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