Cuatro requisitos entrampan la designación del nuevo gobernador

Por: Isabel Charlin Fotografía: Mauricio Ulloa 09:30 PM 2016-11-23

A 16 días de la remoción de Lorena Vera (MAS) como gobernadora de Ñuble, La Moneda aún no logra definir a su sucesor, situación que a nivel político ha generado especulaciones, tensión y críticas de parte de vastos sectores, sobre todo ante la posibilidad que por mantener los equilibrios políticos se designara a una persona de Concepción.


Precisamente esta negativa de la comunidad ñublensina, sumado a la falta de liderazgos locales al interior del MAS (partido que debiera mantener su cuota), ha entrampado la nominación de la nueva autoridad provincial.


Para un territorio que se apresta a convertirse en región, el nombramiento de un gobernador afuerino es visto como una pésima señal. Ya ocurrió durante el gobierno de Sebastián Piñera, cuando se designó al santiaguino Eduardo Durán, quien durante la totalidad del período fue cuestionado por su poca sintonía con la realidad local, e incluso, por mantener su domicilio personal en Santiago, ausentándose de la zona en varias ocasiones en que se requería su presencia.


Pero ser “local” no es suficiente. Le ocurrió al ex alcalde de San Fabián, Cristian Fernández (independiente pro MAS), cuando fue designado en marzo de 2014 como gobernador por la Presidenta Michelle Bachelet.


Alcanzó a estar una semana en el cargo, tras lo cual una serie de cuestionamientos hacia su pasado como alcalde de San Fabián (haberse supuestamente hecho pasar por funcionario de Contraloría en dos municipios de Ñuble, y las dudas por un eventual sobreprecio pagado a una empresa de alcantarillado en la etapa final de su período como alcalde), hicieron insostenible su permanencia. Sin duda, un caso que hizo pensar dos veces al Gobierno antes de dar a conocer el nombre de su sucesora, y que seguramente tiene actualmente de cabeza a los asesores de la Presidencia revisando los antecedentes de los actuales postulantes.


Mantener los equilibrios
Si bien todo indicaba que se mantendrían los equilibrios políticos en la región tras la salida de Lorena Vera, y que su cargo lo ocuparía alguien del MAS, la falta de candidatos de la colectividad ha hecho volcar los ojos hacia otros dos partidos: la DC y el PR. Si bien el primero tenía serias intenciones de retornar a la Gobernación, el hecho de contar con un intendente (Rodrigo Díaz) redujo inmediatamente sus posibilidades.


El radicalismo, en tanto, no tiene representantes provinciales, y aprovechando el trabajo realizado por el ex candidato a alcalde por Chillán, Aldo Bernucci, está intentando posicionarlo como “carta de consenso”, basándose en las buenas relaciones que el ex jefe comunal mantiene con la totalidad de los partidos del bloque. Un punto importante, teniendo en cuenta que se requiere un liderazgo imparcial de cara a las primarias presidenciales y las parlamentarias de 2017.


Hasta hoy, se mantenía en la subrogancia del cargo el funcionario de planta Erwin Campos (PR), y en declaraciones a medios penquistas, la directora regional de la Junji y nombre que el MAS propuso en un principio,  Andrea Saldaña, descartó aceptar el desafío.


Altos y bajos
Reducto de radicales y demócratacristianos tras el retorno a la democracia, la Gobernación de Ñuble nunca generó polémicas o diferencias políticas. Quizás el único atisbo de la creciente lucha de poder que se avecinaba ocurrió en el 2000, cuando asumió Ricardo Lagos como Presidente, y se nombró a Patricio Huepe (DC) como gobernador, tras una década de autoridades radicales.


Eran los tiempos en que el senador Mariano Ruiz-Esquide influía directamente en los nombramientos, y en la DC sobraban los liderazgos: luego de Huepe asumieron Carlos Arzola e Ignacio Marín.


Tras los cuatro años del militante RN Eduardo Durán (2010-2014), durante la administración Piñera -período en que fue ampliamente cuestionado por su condición de “afuerino”-, la ampliación del bloque oficialista que asumía el segundo período de Michelle Bachelet obligó a efectuar un “re equilibrio de fuerzas”.


El senador Alejandro Navarro, y su entonces partido, el MAS, pidió tener representación en Ñuble y se designó a Cristian Fernández, quien debió renunciar tras serios cuestionamientos. Su cupo lo ocupó Lorena Vera, quien si bien tuvo un complicado comienzo, fue afirmándose hasta obtener una positiva evaluación desde distintos sectores. Sin embargo, su cercanía a Navarro, quien abandonó la Nueva Mayoría, marcó su salida.

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