[Editorial] Planificación territorial

Por: 10:55 AM 2016-11-22

El desarrollo supone una mejor distribución de los recursos, pero también de los costos del crecimiento, una lógica que no se cumple mucho en Chile, pese a los esfuerzos del Estado por evitar que sea el mercado el único que resuelva las interrogantes económicas, como la localización de los proyectos de inversión.
En la Región del Bío Bío los casos no son pocos. Se suele hablar de comunas o zonas  “de sacrificio ambiental”, como Coronel, Hualpén, Talcahuano y Alto Bío Bío. Asimismo, en Ñuble se observa este fenómeno en Chillán Viejo y en Ránquil, por ejemplo, y se prevé que en el futuro se sumen Bulnes, Pemuco, San Fabián y toda la costa.

En la Provincia es evidente que los costos del crecimiento los están pagando solo algunos, una situación que no sólo pone en jaque la calidad de vida de los habitantes, sino que también las perspectivas de desarrollo de otras actividades económicas, como el turismo, la agricultura y la industria alimentaria en general.

En Ñuble, por ejemplo, hay un antes y un después del desarrollo forestal, que transformó cientos de miles de hectáreas en plantaciones, incluso suelos con aptitud agrícola. Si bien no existen estudios concluyentes, se cree que las plantaciones de eucaliptos demandan un alto consumo de agua desde las napas freáticas, lo que en el actual contexto de crisis hídrica ha llevado a muchos campesinos a plantear su vinculación con la escasez de agua.

Por otra parte, existe una fuerte presión por desarrollar proyectos energéticos en la precordillera de Ñuble, dentro o muy cerca de la Reserva de la Biosfera Nevados de Chillán-Laguna del Laja. Se trata básicamente de centrales hidroeléctricas, lo que ha generado focos de tensión en comunas como San Fabián y Pinto, que tienen definido al turismo como uno de los ejes de su desarrollo económico y donde las comunidades se han organizado para oponerse a ese tipo de proyectos, incluso cuando se trata de minicentrales. 

Similar proceso se está observando en Bulnes, una zona agrícola por excelencia, donde se proyecta la construcción de una central termoeléctrica a gas natural, lo que ha generado una gran controversia, pues además de la crítica por los impactos ambientales, se ha planteado que el desarrollo industrial-energético podría acabar con la agricultura. Ése fue precisamente uno de los argumentos esgrimidos los consejeros regionales para manifestar su rechazo a este proyecto.

Por todo lo anterior, es urgente la necesidad de comenzar desde ya a pensar en el modelo de desarrollo que los habitantes de Ñuble quieren para la futura región, y un resultado esperable de ese análisis debe ser la adecuada planificación del territorio, de carácter estratégica y que considere no sólo los aspectos ambientales, sino que también los económicos y los sociales. 

De esa forma, se podrá contar con una definición clara sobre las vocaciones o aptitudes productivas de los distintos territorios, lo que permitirá fijar priorizaciones, definir políticas públicas e incluso, atraer inversiones en aquellas zonas, gracias a la reducción de la incertidumbre, así como también las restricciones que se establecerán para el desarrollo de ciertas actividades en determinadas áreas.

Ñuble está en un punto clave de su historia, pero antes de ser una región debe tener claro cómo quiere seguir creciendo. Dicha definición debe hacerse cargo de la planificación del uso del territorio, donde las actividades agropecuarias y agroindustriales, que son el corazón de la economía local y que tienen un enorme potencial de crecimiento, deben contar con medidas de protección y de fomento, de manera de evitar que surjan nuevas zonas de sacrificio.

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