[Editorial] Ruralidad y pobreza

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:45 AM 2016-11-18

Con una tasa de 44,5%, El Carmen se sitúa como la comuna con mayor pobreza por ingresos en la Provincia de Ñuble, según reveló la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Casen 2015. Le siguen muy de cerca Cobquecura (38,3%) y Portezuelo (38,2%), con cifras que están muy por encima del promedio nacional de 11,7% entregado a fines de septiembre por el Ministerio de Desarrollo Social. Destacan también los índices de pobreza de Coelemu, Ninhue, Ñiquén, Pinto, Ránquil y San Ignacio, todos sobre el 30%.

Esto implica que los ingresos mensuales de dichos habitantes no son suficientes para financiar el costo de satisfacer sus necesidades básicas, definido por la Casen 2015 en un valor de $151.669 (en pesos de noviembre de 2015) para un hogar de una persona; en $246.387 para un hogar de dos personas; y de $327.251 para uno de tres personas. 

Lamentablemente, desde septiembre a la fecha y determinados por la elección municipal de octubre pasado donde reconocer esta delicada situación significaba perder votos , las reacciones de no pocos personeros políticos locales han dejado mucho que desear, yendo desde la negación de los resultados hasta la indiferencia y el mutismo. Otros han intentado buscar explicaciones hallando una respuesta tipo en las altas tasas de ruralidad que existen.

Sin embargo, echarle la culpa a la ruralidad parece ser más bien un consuelo, como aquel agricultor que culpa al mal tiempo por los malos resultados de la temporada. 
La ruralidad no es un factor determinante en la pobreza de por sí, sino que las políticas de las últimas décadas respecto del mundo rural -o la falta de ellas-, principalmente en lo relativo a la agricultura y a la silvicultura, han condicionado un deterioro de la calidad de vida de quienes habitan en él. 

La negligente acción de las autoridades políticas en todos los niveles durante las últimas décadas han generado un escenario muy desfavorable para el desarrollo económico en zonas rurales, caracterizadas por problemas de comunicación y transporte, escasez de agua, baja inversión pública y privada, cultivos agrícolas poco rentables o con dificultades de comercialización y un capital humano de baja calificación. 

Como consecuencia de ello, buena parte de las 21 comunas de Ñuble han visto el avance de las plantaciones forestales sobre suelos con aptitud agrícola y una fuerte migración hacia zonas urbanas, contribuyendo a engrosar las cifras de desocupación y pobreza. 

La matriz productiva se ha concentrado en sectores económicos con baja utilización de mano de obra de alto nivel de productividad y un uso intensivo de mano de obra de baja productividad y/o no calificada, lo que en términos sencillos, equivale a perpetuar la pobreza. 

Es por ello que el desafío de estas comunas y de la futura Región de Ñuble, en general, debe ser aumentar los niveles de inversión (caminos, riego, investigación y energía) y de capacitación, para mejorar la competitividad, principalmente en aquellos rubros donde existen evidentes ventajas comparativas, como el agrícola y el agroindustrial. 

Para progresar, Ñuble necesita revalorizar su ruralidad y agricultura, pero no podrá llegar a ese propósito en medio del status quo centralista. Por el contrario, si las autoridades locales actuales y futuras coinciden con este análisis y tienen la voluntad política para avanzar en este desafío, en el futuro la ruralidad no debiese ser considerada un factor de pobreza, sino un poderoso activo de la nueva Región.

 

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