Liderazgo provincial

Por: La Discusión 10:00 AM 2016-11-12

En medio de un año de alta intensidad política por las elecciones municipales y toda la dinámica que generan y que afecta la marcha normal de las instituciones, sumado a la reciente salida de la gobernadora Lorena Vera, la tarea prioritaria de formular una estrategia de desarrollo que oriente las políticas locales de la futura Región de Ñuble ha pasado prácticamente al olvido. De hecho, en estos más de 10 meses los avances han sido nulos y en ello mucho tiene que ver el gobierno provincial, que tenía precisamente la misión de impulsar esta importante iniciativa. 


Para nadie es un misterio que la carencia de este instrumento de planificación nos ha costado caro. Lo cierto es que hemos crecido más lento que el resto de la región y el país, así como también con respecto a décadas anteriores, comprometiendo la creación de nuevos puestos de trabajo, el ingreso per cápita de nuestros habitantes, y el bienestar en general. 


Este mal entendido laissez faire respecto de la marcha de un área territorial cuya población supera el medio millón de personas, distribuidas en 21 comunas, ha sido culpable de indicadores como el promedio per cápita de ingresos más bajo de la región y un lugar destacado en el negativo ranking de comunas con peor calidad de vida en Bío Bío. 


Esta carencia también debilita la gestión pública y prueba de ello es la inequidad de la inversión, tal como hemos constatado en diferentes reportajes y artículos periodísticos, donde se verifican diferencias de hasta 600% entre las provincias de Concepción y Ñuble en las partidas presupuestarias de diferentes sectores y servicios públicos. 


Pero no sólo debe existir un rol activo de las autoridades provinciales para la creación de la estrategia, sino también una amplia participación de los distintos estamentos locales, de modo de generar desde un principio una estructura capaz de coordinar los esfuerzos públicos y privados hacia el objetivo central y fundamental que es elevar el crecimiento de la futura Región de Ñuble. 


En esa estrategia deberían identificarse los lineamientos y programas que deben hacerse cargo de los puntos fundamentales del porqué las economías crecen en forma sostenida en el tiempo. Seminarios y talleres como los que han realizado las universidades de Concepción y del Bío Bío han aportado en ese sentido y permitido comenzar a visualizar ejes centrales, como tecnología e innovación aplicada a la producción agrícola, educación, integración territorial, gestión pública, energía, medio ambiente y cultura. Sin embargo, tales esfuerzos de las instituciones académicas corren el riesgo de perderse si no son adecuadamente coordinados por un liderazgo provincial que los conecte y ponga en contexto. 


Lo anterior cobra especial vigencia a propósito del perfil de quien reemplazará a la ex gobernadora Lorena Vera. De hecho, actualmente, el oficialismo se debate entre nombrar a un operador político que aumente el capital electoral de la Nueva Mayoría con miras a los comicios presidencial y parlamentario del próximo año, o a alguien que posea un liderazgo capaz de sentar las bases de la futura Región. 


Es de esperar que el criterio de selección de candidatos y de designación de la futura autoridad provincial sea el segundo, pues nada bueno proviene del cálculo mezquino que solo piensa en votos y metas de corto plazo. Lo que Ñuble necesita es un liderazgo capaz de construir un instrumento de planificación que sea impermeable e independiente del ciclo electoral y para ello nada es más inútil que un operador político.

 

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