[EDITORIAL] Dudas sobre Zona de Rezago

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:20 AM 2016-03-15

De acuerdo a la última Encuesta Casen y el más reciente Índice de Desarrollo Humano, hay nueve comunas que se ubican en el secano de Ñuble (Cobquecura, Coelemu, Quirihue, Quillón, Ránquil, San Nicolás, Ninhue, Trehuaco y Portezuelo) que exhiben serios problemas de pobreza (8 se ubican entre las 100 más pobres de Chile), desempleo, acceso a servicios básicos y conectividad (7,5% de la población vive aislada y los caminos pavimentados no superan el 17%). Además, basta recorrerlas para observar las pocas posibilidades de mejorar la calidad de vida de sus habitantes por la vía del desarrollo productivo, a menos que el Estado asuma un rol más protagónico. 
Lo anterior es precisamente la promesa que conlleva la declaración de Zona de Rezago para el Valle del Itata, efectuada el año pasado, y que tiene por finalidad la coordinación de inversiones en materia de vialidad y fomento productivo que permitan superar esas brechas y dar sustentabilidad al territorio.
Sin embargo, transcurridos los primeros 9 meses del programa se advierten debilidades, algunas más complejas que otras, que han generado incertidumbre y críticas a sus reales alcances. 
Hay, en primer lugar, una tensión que suele ser bastante común entre programas centralizados y las expectativas locales, sin embargo no por ello debe ser desatendida. Se trata de los cuestionamientos de los alcaldes del Valle del Itata a la burocracia estatal y estilos de trabajo, marcados por escasos espacios de participación y consideración de sus propuestas. 
Un segundo aspecto tiene que ver con las exigencias para los proyectos. La propuesta original era que dadas las condiciones de postración que presentan estas comunas, no tendrían que cumplir con los requisitos de otros sectores del país en cuanto a rentabilidad económica, de modo que los parámetros de evaluación serían más flexibles. 
Lamentablemente, las señales van en sentido contrario. Por ejemplo, en materia de vialidad, uno de los aspectos más sensibles para este territorio, se han considerado plazos excesivos para efectuar los estudios, pese a que no se trata de construir caminos, sino de rutas secundarias consolidadas, donde lo que se busca es mejorar su estándar a través de la pavimentación.  
Finalmente, un tercer aspecto que genera una legítima preocupación, y que las autoridades deben aclarar, es el respaldo financiero del programa en Ñuble. ¿Está incluido específicamente en el Presupuesto de la Nación? ¿Cuál es el monto considerado en esa glosa? ¿O acaso es solo un “raspado a la olla” del Gobierno Regional y los distintos ministerios? 
En este ámbito, nuevamente, las señales no son buenas. Se acaba de aprobar un plan de inversión para la Zona de Rezago de Arauco por $190 mil millones, contrastando con los escuálidos $30.000 millones destinados al Valle del Itata. 
Igualmente, resulta preocupante la visión complaciente de las autoridades locales de Gobierno sobre esta asimetría. Lejos de ser activas promotoras de un aumento presupuestario, se muestran más bien pasivas y obedientes de las definiciones del poder central. 
Esta percepción obliga a volcar la esperanza en los parlamentarios de la zona, de manera que en calidad de representantes legítimos de la ciudadanía, sean los llamados a exigir que se incrementen los recursos para Ñuble. 
Brindarle la oportunidad a los habitantes del Valle del Itata de ser partícipes del desarrollo económico es un derecho, y dependerá de la voluntad política, así como de la presión social sobre las autoridades, que los recursos públicos que se requieren sean garantizados. Sentarse a esperar, no es una opción.

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