Mario Avendaño: “Yo soy la biblia y el patriarca de Ñublense”

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Fernando Villa 2016-11-07

El otrora primer timonel de la era profesional del Rojo desclasifica su historia y todo lo que hizo para que el club diera el gran salto al profesionalismo

Con 94 años, una vitalidad que asombra y la memoria intacta, Mario Avendaño es sin duda un personaje entrañable y clave en la historia de Ñublense.

Está sentado en un céntrico café y tras varias reuniones, se abre al diálogo con más confianza para repasar su historia ligada al club de sus amores.

Es que por años mantuvo un bajo perfil y vio como su gestión olvidada parecía ser enterrada.

Pero tras varias consultas y peticiones de entrevista, decidió contar lo que se quería guardar.

Avendaño fue el gran gestor de la incorporación de Ñublense al Campeonato Regional en 1958, y un año más tarde al Fútbol Profesional.

El ex primer timonel del Rojo, que en la actualidad se reúne con sus amigos en el Mercado a charlar de fútbol, probando un buen pipeño o comiendo unos sabrosos porotos con riendas, abrió su corazón con LA DISCUSIÓN y desclasificó su historia.

De militar a timonel
Mario arribó en 1944 a Chillán como oficial de Ejército, proveniente de Linares, su tierra natal.

En el Regimiento de la capital de Ñuble conoció al teniente Véjar, quien lo acercó al mundo del fútbol local y el baloncesto, deporte que Avendaño practicaba.

-¿Cómo llegó a la dirigencia de Ñublense y cómo se dio la postulación al Regional?
-Los partidos más interesantes que se veían eran los de Ñublense y Unión en el estadio que era un arenal. Me fui destinado a Arica, volví en 1947, y la cosa no había cambiado mucho, seguía jugándose con muchas precariedades y el presidente de Ñublense era Lautaro Vásquez.  Yo dejé el Ejército y me dediqué a administrar el fútbol de mi familia en Linares, pero paralelamente me invitaron a participar en la organización del primer Nacional de Básquetbol por invitación que se disputó en 1957 en Chillán en el gimnasio de la Escuela Normal, que no tenía tribunas. Ahí comenzó mi historia con Ñublense, porque después de eso, los dirigentes Roberto Cortázar, los hermanos Jorge y René Ainardi, José “Pepe” Duhart, y otros más, me invitaron en el Club Comercial a participar de la dirigencia de Ñublense. Cuando asumo me acompañó el directorio, pero dije ‘Ñublense no juega aquí’  y me comuniqué con Concepción para inscribirlo en el Regional. Y así fue como el 5 de enero de 1958 el Comité del Campeonato Regional de Concepción aceptó el ingreso de Ñublense, Los Ángeles y Lister Rossel. Muchos dicen que fue Moisés Noriega el que llevó al Regional a Ñublense, pero en realidad yo fui el que postulé al club. Después renuncié y Noriega terminó el mandato. Pero volví para postular a Ñublense al profesionalismo.

-¿Es verdad que para lograr el ingreso al profesionalismo invirtió todo el dinero de su retiro como militar?
-En esos años significó mucho dinero y apechugué, la mitad de mi retiro lo puse en este desafío, nunca lo he sacado en cara porque al fútbol le agarré cariño. Teníamos que pagar sueldos, movilización, hoteles, financiar todo con plata del bolsillo, después con la Polla Gol se pudo financiar un poco, como los viajes y el alojamiento. Yo volví en 1959 a la presidencia, respaldado por los hermanos Jorge y René Ainardi y Eduardo Ramírez, propietario de una casa de remates. En Santiago fue clave el trabajo del capitán de la Escuela de Carabineros, Eduardo Gordon, delegado del club ante la Asociación Central de Fútbol de Chile, y el timonel del club, Óscar Fuentealba, para que el club fuera aceptado por 56 votos y una abstención el 6 de febrero de 1959.

-¿Usted viajó a Santiago a comprar jugadores para armar el plantel?
-Me entrevisté con Eduardo Gordon y logré la contratación de Martín García, un técnico argentino que había sido campeón de Primera División con Everton en 1950 y 1952 y venía de dirigir a Unión Española. Él me recomendó que contratara al zaguero central de Magallanes Claudio González, un gran jugador, uno de los mejores de la historia, medio bohemio y bueno para la piscola, pero un jugadorazo. De la U. de Chile fiché a Quintano, al portero Luis Venzano, a quien lo preferí en vez de Manuel Astorga después de verlo atajarlo todo en una noche en Santa Laura. A todos me los traje firmando letras, me faltaba lápiz. De Colo Colo me traje a Charles Villarroel y Homero Cortés. También sumé a Ramiro Rojas de Unión Española, al “Nacho” Silva de Curacaví, y al atacante Guillermo “Malloco” Pérez, al que convencí cuando estaba a punto de firmar en Unión Española.

-¿Cómo recuerda ese debut en el profesionalismo en el Santa Laura?
-Fue emocionante. Fíjate que la gente llenó ocho carros cargados de hinchas . Ganamos 4-0 con dos goles de Manuel Abello y dos de Guillermo “Malloco” Pérez.

-Para jugar de local tuvieron que pasar seis fechas, ya que estaban acondicionando el Estadio Seminario de Chillán...
-Se hizo la campaña del tablón. Los hinchas nos llevaban tablones, champas de pasto y clavos para instalar el césped, hacer tribunas. Formé comisiones, me exigieron una galería para 2.500 personas. Todo se hizo rápido, Juan Aedo, gran colaborador del Mercado, tenía una camioneta tres cuartos y colocaba unos hules de chicha dulce, chicha picante y vino para que los voluntarios que iban a colaborar se refrescaran. Terminaban curados, pero trabajaban porque querían ver a Ñublense jugar en Chillán. En el Mercado tuve otros grandes colaboradores como Los Pando, Agustín Contreras y Nene López.

-Hasta que vio debutar a su Ñublense en el Estadio Seminario...
-Ganamos 2-1 a Temuco, que venía puntero invicto con sus estrellas. Cayó una gran lluvia y la gente estaba feliz por ver jugar a su equipo en casa. Después yo fui gerente de Ñublense en los 60’ y luego en otros períodos. Yo traje a Nelson Oyarzún, y eso que no lo querían en Concepción. Yo soy la biblia y el patriarca de Ñublense.

Este es el primer plantel que debutó en el fútbol profesional en 1959. Avendaño lo armó buscando valores en Santiago.

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