¿Por qué Dios incomoda?

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2016-11-07
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Hace unas semanas, la diputada del Partido Comunista Camila Vallejo, defendió en la Cámara de Diputados el proyecto de ley que pretende eliminar la frase “En el nombre de Dios”, con que se abre cada sesión de la Cámara. Ella propone sustituirla con la frase “En el nombre del pueblo”. Dicha iniciativa ha puesto en el tapete el tema de que Chile es un estado laico, al mismo tiempo que se ha convertido en una nueva iniciativa laicista, de las que ya hemos conocido en muchas de las propuestas y proyectos de ley recientes que, antes de preocuparse de lo urgente, insisten en pasar la aplanadora ideológica por todas partes.

La controversia que se ha instalado en la opinión pública ha producido diversas reacciones, pues detrás de la iniciativa está una fuerza oculta, pero muy presente, que desearía erradicar a Dios de todos los ambientes nacionales y encerrarlo en los templos. Se trata de una ideología cada vez más presente, no solamente en Chile sino que en todo el mundo, y que necesariamente chocará con la gran mayoría cristiana de la población. Una mayoría que habla sin tapujos por medio de la Iglesia Católica, pero también con firmeza desde el pueblo evangélico, tras la reciente masiva celebración de los pueblos evangélicos de Chile.

La iniciativa de la diputada Vallejo olvida que la invocación a Dios la efectuamos cotidianamente creyentes y no creyentes, generalmente como un gesto automático, con el “adiós” con que nos despedimos, y que nos recuerda el antiguo “a Dios os encomiendo”, que contiene el rastro ritual que da cuenta de un absoluto, donde se agota el poder humano y se espera un auxilio que está más allá de la casualidad, y que se expresa de las culturas más tradicionales de África a las más modernas de Europa. Es cosa de verificar cómo en los idiomas tradicionales de África, sin siquiera haber tenido origen en un contexto cristiano, los pueblos mantienen saludos donde la mención de Dios es central. En la lengua Konkomba de países como Ghana y Togo, la gente se despide con un “Ubumbor nchinse” que significa “vaya con Dios”. Ya lo decía Platón (Leyes 716), “Dios para el hombre es la medida de todas las cosas”; o como lo dice Aristóteles (Metafísica, I, 2) “la causa de todas las cosas”.

La idea de sacar la invocación a Dios en las sesiones del Parlamento no es más ni menos que una ofensiva contra el pasado y una clara exhortación a reescribir la historia, eliminando lo que es parte esencial de su arquitectura original. En nombre de una tolerancia con rostro intolerante, se desconoce la práctica de muchas sociedades modernas en las cuales la súplica divina o la ceremonia sacra, que acompaña a las instituciones, no ha sido ningún obstáculo en el desarrollo del Estado secular, de la libertad de creencias y del mismo agnosticismo.

En el afán de eliminar lo sagrado del espacio público, ¿qué más podemos esperar?; ¿el cambio del nombre de toda ciudad, pueblo o comuna, que suene a religioso, como Santiago, Concepción, Los Ángeles, San Nicolás, San Ignacio, etc? En una época de dictadura de lo políticamente correcto nada es impensable. Lo que sí es lamentable es la destrucción de la tradición con la cada vez más evidente aplanadora ideológica.

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