Chillanejo ha reunido a más de 100 familias en siete años de búsqueda

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Facebook 09:45 PM 2016-11-05

Fueron esos ojos que se niegan a dormir de pura pena, esas comisuras que describen sombríos conceptos que el diccionario no incluye, los que encendieron una inagotable llama en el alma de Aarón Flores, un joven chillanejo de 21 años, quien aquel 2009 había ingresado como voluntario a la Cruz Roja.

Era un matrimonio que hace más de un año le había perdido la pista a su hija, quien en el verano había aprovechado una posibilidad de ir a trabajar un par de meses a Estados Unidos y había desaparecido sin dejar rastro.

Flores sintió la causa como propia y comenzó a hacer llamados al hotel en que había trabajado, fue a pedir datos a las policías y contactó gente de la Cruz Roja de Estados Unidos con los que logró dar con personas que la conocieron y le dijeron que se había ido a México, junto con un joven a quien conoció en el hotel que la empleó.

“Seguimos investigando, levantando datos y logramos dar con la casa en la que se encontraba. Estaba embarazada y le pedimos que escribiera una carta de puño y letra para escanearle y enviársela a sus padres, así su familia logró enviarle dinero para que se volviera”, cuenta Aarón, hoy de 28 años, estudiante de Trabajo Social, miembro del cuerpo de Bomberos Las Trancas y de Socorro Andino.

“La niña, en cierto modo, estaba retenida y no la dejaban comunicarse con la familia, pero logramos que volviera donde los padres”, revela.

Tal hazaña le hizo acreedor de una beca para estudiar el curso de Técnico en Urgencias Médicas, en México, en el año 2010, y desde entonces ha dedicado su vida al rescate y búsqueda de personas, sin jamás cobrar un solo peso por hacerlo.

Es más, aún hay quienes recuerdan su voz en algunas radios locales pidiéndole a los vecinos que tienen algún familiar extraviado que se contactaran con él, a través de la Cruz Roja, y a tal nivel llegó su especialidad que ha colaborado en varias oportunidades con Carabineros y la Brigada de Ubicación de Personas (Briup) de la PDI.

Hoy Flores se encuentra en la localidad sureña de Cochrane, dictando una clase de rescates de alto riesgo para guías de alta montaña. Comenta a LA DISCUSIÓN que “además estamos viendo la posibilidad y realizando trámites para abrir una ONG para el rescate de personas, porque creemos que es esencial, si se considera que cada vez son más los turistas que llegan a la montaña o al sur para escalar, hacer excursiones o acampar, y los accidentes y extravíos son cada vez más comunes”.
con su propio dinero
Fueron las innumerables veces en que el matrimonio de profesores entre Óscar Vega y Nora Burgos solían dedicar parte de su tiempo para ayudar a sus vecinos, las que aprovechó el nieto que vivía con ellos, Aarón Flores Vega, comenzando a entender que ayudar al resto era una corriente natural en  su familia.

Un “leit motiv” que desde afuera pareciera transformarse en una suerte de apasionante pasatiempo  que requiere dedicación, perfeccionamiento y -por fuera de molde que parezca-hasta es común verlo gastar dinero para ayudar.

Interesante es indagar en sus primeras hazañas, pero a modo de resumen se puede afirmar que ya ha participado en la reunión de más 100 familias de todo Chile que tenían algún familiar a quien no veían por décadas y nada sabían de él. Además ha encontrado innumerables personas extraviadas, llegando con sus propios medios a lugares tan lejanos como Puerto Montt.

“Nunca me he preocupado de tener o no tener que gastar de mi plata o de obtener créditos de esto, es lo que me gusta hacer y mi paga es ver la felicidad de la gente que se vuelve a reunir después de años, o el descanso de las familias a las que les logramos hallar, aunque sin vida, a la persona que se les había extraviado”, asegura el experto.

Hubo veces en que resolvió casos en solo 24 horas, como cuando halló a una mujer en Talcahuano a quien sus hijos no veían desde hace 27 años. Otros en que le ha tomado meses.

Y los que no tienen finales felices, también son parte de su bitácora: “Una vez llegué hasta Puerto Montt para dar con un caballero a quien su hijo, que era de Talca, nunca había visto y quería conocer. Había estado rastreando harto tiempo, pero esta persona no aceptó el encuentro, dijo que no le interesaba conocerlo, entonces es muy difícil volver con ese tipo de respuestas. Además, me está prohibido revelar la ubicación de una persona que no quiere ser hallada”.

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