Voto electrónico

Por: 09:10 AM 2016-11-02

El contacto de los chilenos con sistemas digitalizados se ha extendido de una forma notable. La penetración de Internet es la más alta de América Latina alcanzando al 54% de la población. El número de líneas de telefonía celular ya desde hace tres años supera a la cantidad de habitantes del país. Con la extensión de la modalidad prepago y su abaratamiento, la telefonía celular está hoy en manos de todos, aún de los segmentos de más bajos ingresos. 

Puesto que prácticamente no hay ciudadano que no esté familiarizado con la interpretación de las opciones ofrecidas en un visor y su selección tocando botones o pantallas táctiles, hoy no se puede alegar dificultad de los votantes para no introducir el voto electrónico en nuestro país. Sin duda, a estas alturas son otras las razones de la resistencia a adoptarlo. 

El sistema actual de votación, mediante el cual se escoge una papeleta impresa en la cámara secreta que no es otra cosa que un frágil tinglado armado con un par de listones de madera y un paño, permite una serie de irregularidades y hasta fraudes. Son usuales la desaparición de votos, el volcado de urnas, el falseamiento del recuento, la impugnación injustificada de los votos y muchas otras trampas. De hecho, los partidos políticos saben de la importancia de contar con un ejército de apoderados que no se dejen intimidar. Aún así no se puede evitar que entre un dos a un cinco por ciento de los votos se ganen o se pierdan por maniobras realizadas en los mismos comicios. 

Pero con el voto electrónico estos manejos no tienen cabida. Además, el cómputo electrónico es inmediato. No bien se cierra la votación, se conocen los resultados en el mínimo tiempo de procesamiento digital. La digitalización electoral admite diferentes etapas. 

Un avance ya muy difundido en el mundo es la boleta única en la que se marca lo que luego se digitaliza mediante lectores ópticos. Se ha evolucionado, sin embargo, hacia sistemas de registro electrónico directo (DRS) en los que se interactúa con una pantalla sensible al tacto, que luego de admitir e identificar la validez del votante, le presenta las opciones y recibe las respuestas. Este es el sistema utilizado en Brasil. 

Una etapa más avanzada es el voto a través de Internet en donde se lo puede hacer desde el domicilio o desde cualquier terminal, utilizando una clave suministrada a cada ciudadano en forma confidencial. Ya se emplea en forma extendida y es muy común en las asambleas de grandes empresas de capital abierto que deben recoger y facilitar el voto de miles de accionistas. A esta etapa más avanzada en materia electoral, se ha llegado en países como Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Australia, Canadá, India, Irlanda, Noruega, Suiza y otros. 

Las aprensiones sobre el voto electrónico pueden ser superadas por las tecnologías disponibles. El hackeo y el fraude electrónico son evitables con un alto grado de seguridad mediante sistemas con diseños apropiados y que, por otro lado, sean auditables. Es posible que demande tiempo llevar confianza a muchos votantes que temerían ser identificados por su elección, sin embargo, en todos los países citados el problema fue superado. 

Las elecciones del domingo 23 de octubre deberían recordarnos que nuevamente dejamos pasar una oportunidad para introducir el voto electrónico. Las distintas fuerzas políticas deberían tomar conciencia de la necesidad de este cambio tecnológico para perfeccionar la práctica de nuestra devaluada democracia.

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