Baterista local cuenta su travesía en Panamá y EE.UU

Por: Felipe Vergara Fotografía: Gerardo Pesantez 07:00 PM 2016-10-30

Son pocos los músicos que toman la decisión de perfeccionarse en su instrumento y entre ellos está Ricardo Sepúlveda. Con una formación cristiana que lo acompaña a todas partes, decidió integrarse a la Escuela Moderna de Música en Santiago y comenzar a pulir su innata habilidad para la batería.

 Sin embargo, nunca imaginó que haber llegado hasta ahí le significaría conseguir pasajes para salir a recorrer el mundo y ver de qué está hecha la música en otras latitudes. Un viaje que lo realizó siempre de la mano del jazz, el género musical que le robó toda su atención. 

“Participé en la orquesta moderna de jazz, que nació el mismo año. El hecho de ser integrante de dicha orquesta, y gracias a la invitación del director Orion Lion(músico y compositor) a mí y a otros compañeros nos invitaron Ciudad de Panamá y a Miami”, asegura. 

Es de esta forma que pudo participar de uno de los eventos más trascendentes del estilo que maneja. Se trata del Panamá Jazz Fest 2016, donde asistió a master class, clínicas musicales, clases particulares, conciertos y jam session, entre otras instancias. “También pude compartir escenario con leyendas del jazz a nivel mundial, como Danilo Pérez, John Patitucci, Rudresh Mahanthappa, entre otros. En Miami tome clases con el maestro Rodolfo Zuñiga, de quien aprendí mucho sobre el jazz,  también tuve la oportunidad de tocar con músicos en jam session en Miami”, cuenta con orgullo. 

trascendencia del sonido
Ahora, ya de regreso en Chillán, hace un balance de todos lo que fue este recorrido. “Sin duda lo más significativo que aprendí tiene relación con entender y ver la música como una herramienta muy importante, con la que tienes la capacidad de cambiar una sociedad, que cada día se encierra en el ‘yo’  dejando completamente de lado, la compasión y preocupación por el resto. Entender que la música no tiene fronteras, distinción política o color de piel”, comenta. 

Es por eso que no ha perdido tiempo y ya se encuentra trabajando en un proyecto musical llamado Killa, junto a Rodrigo Parra en guitarra e Ismael Ahumada en voz y bajo. 

“La banda busca la honestidad en su música y sus líricas queriendo entregar un mensaje real plasmado de sus propias experiencias”, afirma. 

falta de escenarios 
Sin embargo, existe un aspecto poco alentador desde que volvió a instalarse en Chillán y que tiene que ver con los lugares que existen para mostrar su arte. 
A diferencia de otros periodos en que partició de agrupaciones locales, hoy el movimiento es escaso. 

“Ha sido un poco frustrante la verdad, es duro darte cuenta que en la actualidad son pocos los espacios donde uno pueda desarrollar  la música, al menos como se hace en otros países. Y los locales que tienen espacio valoran muy poco al artista en general, el hecho de no mirar el esfuerzo que realiza cada artista, estudiando, practicando y pagando mucho dinero, para poder desarrollar el talento y hacerlo con excelencia, es triste”, asegura. 

Una realidad que espera ayudar a cambiar desde toda la experiencia que ha recolectado, la misma que ahora lo tienen como uno de los bateristas a seguir en la escena chillaneja. 

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