[Editorial] Abstención ya no es novedad

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:40 AM 2016-10-25

El pasado domingo se registró la cifra de participación electoral más baja de la historia reciente del país. Apenas un 34,7% de los electores ejerció su derecho a sufragio, una cifra 8,4 puntos porcentuales inferior a la registrada en los comicios municipales de 2012, en los que participó un 43,2%. 

En Ñuble, si bien la participación fue más alta que el promedio nacional, también evidenció una caída de 8,5 puntos porcentuales en comparación con las municipales de 2012, al pasar de 56% a 47,5%. De un padrón de 406 mil 412 electores, sufragaron solo 193 mil 112 personas.

En el análisis por comuna se observa que en 20 de las 21 la participación disminuyó, con la excepción de Cobquecura, que pasó de 69,6% registrada en 2012 a un 75,2%. 

Junto a la localidad costera, las comunas que exhibieron mayor participación fueron Trehuaco (75,7%), Ninhue (70,7%); Portezuelo (69,6%) y Ránquil (65,9%). En el otro extremo, las que registraron menor participación fueron Chillán (33,8%), San Carlos (41,8%), Chillán Viejo (46,0%) y Yungay (47,8%). Se trata de las únicas cuatro comunas que exhibieron una participación inferior al 50%. 

En la capital de Ñuble la participación cayó más de 11 puntos, desde un 44,9% en 2012, a un 33,8% en 2016. Si en la anterior elección sufragaron 62 mil 536 chillanejos, en la jornada del domingo lo hicieron 49 mil 514. En Chillán Viejo, en tanto, se registró la mayor reducción de votantes de toda la provincia, pasando de 62,2% en 2012 a 46%. 

Tras los comicios, la exclusión voluntaria se ha transformado en “el tema” de la agenda política que busca explicaciones a este creciente desinterés de buena parte del electorado nacional y también local. 

¿Cómo debe leerse esta amplia marginación voluntaria? ¿Acaso la gente no encontró sintonía con las propuestas realizadas por los candidatos a alcaldes y concejales? ¿Es una señal de rechazo al sistema institucional, o se trata más bien de una consecuencia de la desconfianza social que genera la dirigencia política? 

La respuesta es todas las anteriores. Para comenzar, la voluntariedad del voto explicita el desinterés de la ciudadanía con una oferta política ausente de renovación. Revelador en este sentido es que el 95% de los candidatos haya sido alcaldes y concejales en ejercicio, que no más del 12% fuesen mujeres y que apenas el 5% de los aspirantes a jefe comunal tuviesen menos de 35 años. 

Por otra parte, al analizar las campañas y en general todo el período preelectoral, se puede entender e incluso compartir, que una alternativa fuese no sufragar: ¿para qué hacerlo?, si en muchas comunas la diferencia entre un candidato y otro era nula. En resumen, hubo sobre oferta de continuidad y muy poca de cambio. Tampoco pueden quedar fuera del análisis de este desánimo colectivo las actitudes corporativas de una clase política que, salvo contadas excepciones, no parece preocuparse por abrir posibilidades de participación. De hecho tiene incentivos para mantener las cosas como están. 

Los llamados que hoy escuchamos a reencantar a la ciudadanía, no serán más que expresiones oportunistas y políticamente correctas si no median cambios que profundicen la democracia en el nivel local mediante mecanismos de participación ciudadana como plebiscitos y consultas vinculantes en los gobiernos comunales. 

La abstención llegó para quedarse y si nuestros gobernantes no toman nota de ello, en las próximas elecciones seguiremos asistiendo a artificiosos incentivos para buscar el voto que seguirán degradando nuestra democracia local, como el acarreo de electores y el siempre nefasto clientelismo.

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