Ñublense rompió la tradición de contar con un “9” goleador

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Agencia Uno 2016-10-23

Históricamente Ñublense siempre ha lucido centrodelanteros goleadores.

Su estreno en el fútbol profesional en 1959 estuvo marcado por la irrupción de un temible artillero como Guillermo “Malloco” Pérez, fornido centrodelantero que rompió redes a destajo esa temporada.

En los 60’ brillaron Osvaldo “Mono” González, un atacante que “arrasaba con los defensas” y el recordado José “Pepino” Borello, un “9” argentino de lujo para la época que provenía de Boca Juniors.

“Había sido goleador de la Selección de Argentina en el Sudamericano de 1955”, acota Luis Venzano, ex arquero de Ñublense.

En los 70’ brillaron Sergio Pérez, aunque era un nueve y medio, y Vicente Tadeo Lugo, en los 80’ el sempiterno goleador paraguayo Sergio Nichiporuk.

Otros que se suman a la lista son Caupolicán Escobar, Mario Lagos, Ricardo Parada.

Reciente década
El 2006 cuando Ñublense logró el ascenso a Primera A tras 26 años en los potreros, lo hizo de la mano de un goleador de fuste como Carlos Cáceres quien anotó 18 tantos y llevó al Rojo a la máxima división.

“Fue un año maravilloso en el que creo Dios nos ayudó a lograr el objetivo, en esa campaña obró Dios”, evoca Cáceres, ya retirado del fútbol profesional.

El 2007 el artillero de área fue Manuel Villalobos, quien a punta de goles instaló a los diablos rojos en el repechaje por un cupo a los play offs y más tarde sería comprado por la Universidad de Chile.

“En Ñublense renací como goleador”, ha confesado mil veces “Villagol”, actual atacante de Deportes Iquique y quien arribó de Copiapó para darse una última oportunidad en el fútbol el 2005 tras perder varias temporadas sumido en la indisciplina.

La tradición del 9 goleador se consolidó el 2008 cuando Ever Cantero, el paraguayo incansable, hizo goles claves en la campaña histórica de Ñublense que logró una inolvidable clasificación a la Copa Sudamericana.

La seguidilla de finiquitadores de área prosiguió al año siguiente con la incorporación de Renato “Tiburón” Ramos, quien emigraría al año y medio a la Universidad de Concepción.

Sin embargo, la posta la hizo el argentino proveniente de Boca Juniors, Gabriel “Checho” Rodríguez quien convirtió 14 goles y fue el máximo anotador del equipo.

El 2011 el argentino Lucas Concistre, centroatacante argentino también aportó goles, pero fue el 2012 cuando en Primera B, el desconocido Isaac Díaz, tapó bocas al transformarse en goleador de la categoría con 20 goles. El “Toro de Fresia” pasó a la Universidad de Chile y actualmente milita en el fútbol mexicano.

Goleador de Chile
La tradición batió todas las marcas cuando el argentino Luciano Vázquez el 2013 demostró toda su capacidad goleadora y se transformó en el máximo artillero del fútbol chileno. En una temporada marcó 25 goles e hizo historia. Nunca antes Ñublense había tenido un goleador del fútbol chileno en Primera División.

Su sucesor fue el 2014-2015 Sebastián “Tatán” Varas, quien se ganó el cariño de la hinchada con goles vitales. Convirtió 42 goles con la camiseta roja el tiempo que estuvo en Chillán y quedó a dos de Manuel Villalobos, el goleador histórico del club con 44. Ahora milita en Everton de Viña del Mar donde no tiene continuidad.

No hay “9” goleador
La racha de nueve goleadores que Ñublense impuso por historia se quebró esta temporada. 

El plantel que dirige el técnico argentino Pablo Abraham carece de un centrodelantero finiquitador a pesar que José Torres, ex Deportes Concepción, llegó con cartel de romperredes. 

El joven atacante ha sido relegado a la banca y su juego no convence al entrenador. Tampoco pasaron la prueba cuando jugaron Cristián Retamal, Felipe Albornoz, Luis Flores y Jesús Silva. Ahora prueba suerte Cristián Bustamante, un canterano en verde que tiene potencial, pero está lejos de los artilleros de antaño que arremetían en el corazón del área.

El diagnóstico está hecho. Ñublense necesita con urgencia un 9 goleador para enmendar el rumbo. Para recuperar la sintonía con el gol y recuperar una tradición que no puede perderse.

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