Docencia encasillada

Por: María Loreto Mora Olate 2016-10-21
María Loreto Mora Olate
Dra. (c) en Educación. Universidad del Bío-Bío. Becaria Doctoral Conicyt.

Profesora de Castellano, Licenciada en Educación y Magíster en Educación. Universidad del Bío-Bío. Máster en Asesoramiento Educativo Familiar. Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense. Madrid. Diplomada en Fomento de la Lectura y la Literatura Infantil y Juvenil. Pontificia Universidad Católica. Docente Facultad de Educación y Humanidades de Universidad del Bío-Bío. Chillán. Investigadora de la revista cultural "Quinchamalí".

La jerga ministerial de educación agrega hace un poco un término poco feliz: “encasillamiento”, para referirse a los tramos de desarrollo en que son  ubicados los profesores en el contexto de la nueva Carrera Docente, entiéndase aquellos como: Inicial, Temprano, Avanzado, Experto I y Experto II. 

Si se avanzan algunos pasos más allá de la significación utilitaria de esta palabra, esta hace patente que la docencia viene siendo encasillada mucho antes que la actual reforma, evidenciándose ya un proceso de desplazamiento de su función intelectual  a un rol técnico en la reforma educacional impulsada en el gobierno de Eduardo Frei Montalva.

Los argumentos que se pueden esgrimir para esta tesis de la docencia encasillada provienen de cuatro vertientes: la política educativa, el currículo, las pruebas de medición y la formación inicial docente. 

En el diseño de la política educativa el poder de incidencia de los docentes de aula escasea, a pesar de las ejecuciones dramatúrgicas  como los “Diálogos para la profesión docente”, que más allá de generar plataformas de propuestas y de discusión ciudadana, estas se desvanecen en el nivel centralizado. Situación similar se observa en el diseño del currículum nacional, que resulta descontextualizado frente a la diversidad cultural, geográfica, étnica y lingüística de nuestro país, siendo un currículum pensado por especialistas de cada área, en ausencia de los verdaderos expertos que son los profesores que viven el día a día del aula mayoritariamente en contextos de vulnerabilidad, siendo entonces, reducidos solo a la ejecución de los planes y programas. El encasillamiento se hace aún más patente en los docentes que tienen a cargo “cursos Simce”, para quienes resulta bastante complejo salirse del enmarcamiento que dicha prueba los somete, por lo tanto, los establecimientos tienden a tomar medidas como adiestrar a los alumnos en el arte de responder una prueba de selección de múltiple y de lograr  la cobertura curricular que el programa de estudio prescribe, dejando un nulo espacio para que el propio docente tome las decisiones pedagógicas acorde al ritmo de aprendizaje de sus estudiantes y a las condiciones socioculturales que lo rodean. Y por último, las facultades de educación forman a un profesor que adolece de competencias profesionales que le permitan participar en la política pública, ya sea en su diseño o transposición didáctica reflexiva y contextualizada en el aula, asumiendo entonces solo un rol técnico de implementación sin cuestionar lo que otros han pensado por él.

En consecuencia, este encasillamiento connota más allá del tramo profesional en el cual se ubica a un docente en la actualidad, sino que desde una mirada crítica, el concepto transporta una carga que revela el proceso de desprofesionalización que viene experimentando el magisterio, que incluye despojarlo de su capacidad de tomar decisiones curriculares y didácticas que pongan en valor su propio saber pedagógico construido en la práctica docente, así como también, los saberes comunitarios,  propios del espacio geográfico y cultural donde desarrolla su trabajo. 

Por eso, los docentes están encasillados, constreñidos a una  implementación acrítica de la política educativa, según los énfasis de los gobiernos de turno, donde el saber pedagógico es despreciado al igual que su categoría de intelectuales, la cual no es relevada por la  Carrera Docente, que más bien profundiza el individualismo en lugar de valorizar el trabajo mancomunado del profesorado para la mejora educativa. 

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