El camino a las neodictaduras

Por: Renato Segura 2016-10-20
Renato Segura

Polémica ha desatado una propuesta parlamentaria de eliminar la frase “en el nombre de Dios”, en el inicio de cada sesión de la Cámara. El argumento para justificar dicha medida, se basa en el carácter de Estado laico que ha predominado en la sociedad.

Si bien dicha iniciativa no debiera tener mayor respaldo entre lo honorables, tiene una explicación. En efecto, las personas se encuentran en medio de una confrontación permanente entre lo material y lo inmaterial; lo finito y lo infinito; la naturaleza y la libertad, en definitiva, lo que los filósofos han denominado como el “yo inmanente” y el “yo trascendente”.

Estas dos visiones de sociedad han existido, existen y existirán hasta el fin de los tiempos. Los esfuerzos de una y otra, por lograr la supremacía, han dado origen a distintas formas de autoritarismo, unas más cruentas que otras, pero dictaduras, al fin y al cabo.

En el mundo actual, más allá de las visiones particulares de cada habitante del planeta, la sociedad ha convergido hacia un proceso que busca la humanización en la relación social. Con el nivel de información actual, para nadie le es indiferente el sufrimiento humano; inclusive, dicho sentimiento, se extiende hacia aquellos grupos o personas que enfrentan el rechazo y repugnancia social por el horror y desolación que generan sus actos (solo baste recordar que, aproximadamente, el 75% de los países, en el mundo, han abolido la pena de muerte).

¿Cómo se las arregla la sociedad para instalar esta visión humanista de la relación social, frente al sectarismo que subyace sobre las visiones inmanentes y trascendentes? Preferentemente, utilizando la democracia como la base de la organización social, es decir, anteponiendo el bien común por encima del bien particular. 

¿Cómo se explica la propuesta de eliminar la mención de Dios, a sabiendas que más del 80% de la población cree en su existencia? Porque la confrontación entre lo objetivo y lo subjetivo, así como entre el bien y el mal, no lo resuelve el modelo democrático. Aún más, dicho sistema puede ser perfectamente sobrepasado por alguna de las partes para instalar una visión parcial del modelo social, donde la dictadura termina siendo el modelo dominante (En la elección presidencial de la Alemania de 1932, Hitler capturó el poder absoluto con el 30.1% de los votos).

En el Chile de hoy, han adquirido relevancia las minorías. No podría ser de otra forma, si se quiere ser consecuente con un modelo humanista, donde todas las visiones tienen cabida. Sin embargo, no deja de sorprender que las demandas de dichos grupos han predominado sobre la agenda legislativa y están transformado radicalmente el modelo de sociedad.

Por ejemplo, según la última encuesta Casen el 98.9% de la población se declara heterosexual. Sin embargo, la discusión y aprobación del Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) y el proyecto de ley sobre el matrimonio igualitario en Chile, se han tomado una buena parte de la atención ciudadana y de las labores legislativas. Es decir, hoy día en Chile hay mayor predisposición en resolver los problemas al 1,1% de la población, por sobre las necesidades más urgentes que afectan a la mayoría. Esto es simplemente, el tránsito hacia una nueva forma de dictadura.

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