El reino de lo absurdo

Por: La Discusión 11:40 AM 2016-10-19

Opuesto a la razón, que no tiene sentido, extravagante, chocante, contradictorio y arbitrario. Todas esas expresiones son acepciones de “absurdo”, según el Diccionario de la Real Academia Española. Cómo llenar esas definiciones de ejemplos recientes es una tarea en la que el actual Gobierno puede contribuir sin temor a quedarse corto.


El absurdo va desde lo mínimo hasta lo monumental. Desde ministros que se olvidan de su investidura para entrar al ruedo político y criticar a precandidatos a la presidencia de su propia coalición, hasta la incapacidad para advertir y menos remediar la crisis que sufre el Servicio Nacional de Menores, donde aún nadie sabe a ciencia cierta cuántos niños han muerto, dónde y en qué condiciones.


Absurdo es la mejor definición que le cabe también al error de cambiar de domicilio electoral, de manera unilateral, a casi medio millón de chilenos, haciendo exactamente todo lo contrario al rol que le corresponde al Gobierno, que es  incentivar la participación electoral y la transparencia de los procesos políticos. 


¿No es absurdo acaso que en menos de 48 horas propusiera una Ley Corta y luego la bajara aduciendo que se requería de un amplio acuerdo político transversal que hoy no existe?


Es opuesto a toda razón ningunear un problema durante un mes y luego -6 días antes de una elección- darle un estatus gigantesco, al punto de presentar un proyecto de ley que debe ser aprobado por la Cámara de Diputados, el Senado y luego ratificado por el Tribunal Constitucional.


Habrá quien pueda justificar que el “invento” del Servel (autor intelectual de la Ley Corta) era una buena forma de evitar la marginación de tan alto número de ciudadanos de las elecciones municipales de este domingo, aunque en honor a la verdad, el remedio parecía ser mucho peor que la enfermedad. El riesgo de duplicidad de votos y los cuestionamientos a la legitimidad del proceso y por ende de quienes resulten electos, era tan grande como el fiasco político que lo originó. 


Absurdas resultan también la explicación que dio ayer el vocero  de Gobierno, Marcelo Díaz, asegurando que detrás de tal iniciativa no había desprolijidad, sino un proyecto muy bien concebido. 


Pero esta cadena de la fabulación tiene sus límites y se llama realidad. 
Que el Gobierno haya decidido retirar la Ley Corta solo confirma su improvisación, esta vez en un tema esencial y especialmente sensible en un cuadro de creciente descrédito de la política, como es asegurar que todos los chilenos tengan derecho a sufragar. 


El problema es que este episodio está lejos de ser el error aislado de un Gobierno que camina a paso firme y de pronto tropieza. Lo realmente preocupante es que ampliando el análisis hallamos en estos tres años un largo inventario de desaciertos que confirman que más que una caída, ésta es una administración que lleva un rumbo dubitativo, cercano al extravío, donde lo irracional se acepta como coherente y lo ilógico como admisible. 


Podríamos seguir con una larguísima lista, pero la enumeración de hechos demostrativos de que algo serio está fallando en el Gobierno resulta inabordable para un espacio editorial. Con lo dicho sobra para urgir por un giro en dirección del sano criterio y del sentido común que deberían presidir siempre la gestión de los asuntos públicos.

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