Cada día seis ñublensinos quedan heridos en accidentes de tránsito

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 07:10 PM 2016-10-16

1.300
accidentes

se registraron en 2015 en Chillán, con 907 lesionados. Las otras comunas con más siniestos son San Carlos, con 243 accidentes y 268 lesionados; y Chillán Viejo, con 153 accidentes y 111 heridos.

Tras cada accidente vehicular grave que se registra en la provincia, ineludiblemente es la presencia de personas fallecidas lo que genera la atención de la comunidad. Y las referencias policiales hacen hincapié en la cantidad de decesos que suman las rutas en lo que va del año.

Pero si se entiende que ya van 64 muertes en este tipo de siniestros y que según las estadísticas del Juzgado de Policía Local, dentro del radio urbano de Chillán se registran en promedio 20 accidentes al día, es evidente que hay un número aún mayor, pero que casi siempre queda en las sombras: los lesionados.
Según números registrados por Carabineros, en Chillán la cifra de lesionados en accidentes de tránsito en 2015 es de 907 personas, para 1.300 accidentes, y la de Ñuble es de 2.200 por cada 2.472  accidentes al año.

“El tema es muy importante de analizar, porque si bien lo más grave de un accidente es la muerte de alguno de los involucrados, muchas personas que no resultan fallecidas quedan con un sufrimiento que a veces es de por vida, como aquellos que resultan lisiados o con secuelas gravísimas, tanto físicas como sicológicas”, destaca el capitán Carlos Cortés, jefe de la Subcomisaría Investigadora de Accidentes de Tránsito (SIAT) Ñuble.

Es más, el capitán asegura que “muchas de las personas que acuden a centros de rehabilitación, como la Teletón, lo hacen a consecuencia de un accidente de tránsito. Y eso es lo que más remarcamos en las capacitaciones que hemos estado realizando en diferentes empresas”.

Lo cierto es que cada lesionado, ya sea leve o grave, sigue un verdadero calvario, físico, sicológico y económico luego de un accidente.

Los dolores en la espalda, piernas y cuello empiezan cuando la adrenalina que genera el incidente se pierde. A otros les esperan las operaciones, los tratamientos, procesos de rehabilitación y juicios penales y civiles.

No hay recuperación total
Un conductor que manejaba en estado de ebriedad su camioneta por la variante Nahueltoro estaba siendo perseguido por otro automovilista, al que estuvo cerca de colisionar.

Metros más allá, en el cruce con el camino a Cato, la camioneta impactó al vehículo de una mujer arrojándolo destrozado al canal de La Luz.

La mujer se llamaba Verónica y su auto quedó en medio del torrente. Ella estuvo a un paso de la muerte.

“Quedó con edemas y hemorragias  cerebrales, las clavículas y las costillas rotas, pero lo peor de todo fue el daño axiomático, que es el que regula las funciones cerebrales. Ella, entonces, hace la mayoría de las cosas mucho más lento que antes del accidente”, explica el empresario y ex coronel del Ejército, Manuel Reyes, quien admite que “la amo como siempre, pero definitivamente ella dejó de ser la misma persona”.

Verónica y Manuel son el testimonio viviente del calvario que significa sobrevivir a un accidente grave.

“El dolor realmente te devasta, todos tus proyectos y los sueños que tenías para el futuro deben replantearse, o derechamente olvidarte de ellos ya que es muy doloroso ver a alguien que tanto quieres tan dañada emocional y moralmente. De hecho, tuvimos que vender la casa para pagar el tratamiento que aún continúa. La verdad es que nunca hay recuperación total”,  cuenta a LA DISCUSIÓN.

Y aunque las consecuencias no sean así de drásticas, los problemas en otros casos son similares. “A nosotros nos colisionaron por alcance en la Avenida Andrés Bello. Mi auto quedó hecho pedazos por atrás y mis hijos sufrieron contusiones lumbares y cervicales que los dejaron en cama por varios días y con kinesiólogo en el más chico, porque una rodilla le quedó imposible. Después era un show subirlos al auto, tenían un miedo horrible y me preguntaban a cada rato si venía alguien detrás”, comenta la profesora Claudia Morales, residente de la Villa Emmanuel.

Desde el trauma del impacto, se sigue al de ver a bomberos extricando fierro para sacar a los heridos desde las cabinas, para terminar llegando en camilla a un centro de Urgencias generalmente atestado de gente.

“Los tiempos del proceso es diferente para cada personas, dependiendo de la gravedad. Pero es traumático y doloroso, sin considerar que el tratamiento siquiátrico de pacientes y familiares de personas fallecidas en un país donde los especialistas son pocos, por lo que al menos en la salud pública no dan abasto y en las consultas particulares son cada vez más caros, acercándose a los 50 mil pesos la hora más los remedios que tampoco son baratos”, observa el médico Carlos Hernández.

En lo judicial, el camino es aún más engorroso, los seguros no cubren daños del tipo emocional ni lucro cesante y la entrega de los dineros está lejos de ser inmediata.

“Es necesario no centrarse solo en los fallecidos si queremos entender lo importante de educarnos y mejorar nuestras conductas viales. En Chile mueren 25 personas cada fin de semana en accidentes y los lesionados son a lo menos 100. Son muchas vidas las que se destruyen por nuestra irresponsabilidad al volante”, cierra el doctor Hernández.

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