La historia del guardaparque de Conaf más antiguo en la Reserva Ñuble

Por: Jorge Chávez Fotografía: La Discusión 09:15 PM 2016-10-15

Introvertido, tímido como el mismo huemul que resguarda, de poco compartir, cuidadoso de las cosas que dice y amante de la naturaleza, son las características que dan forma a la personalidad de Eladio Ramírez Navarrete, el guardaparque de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) más antiguo que tiene la Reserva Nacional Ñuble.

Casi cuatro décadas caminando por senderos, praderas y cerros siguiendo los pasos del huemul tiene el pinteño, quien cada vez que se adentra en la vasta zona de 50 mil hectáreas del rico ecosistema cordillerano  literalmente debe “pensar” como el emblemático ciervo nacional para poder observar al menos un individuo que le confirme que la especie sigue teniendo como hábitat esta parte del país.

“No es fácil ver un huemul. Muchas veces me ha costado una semanas en ver uno”, confiesa Eladio algo decepcionado por no ver que el animal tenga una reproducción más rápida y al mismo tiempo con un grado de alivio de saber que no cualquier persona puede toparse con un ejemplar y causarle algún tipo de daño. “Si para uno que lleva tanto tiempo haciendo esto resulta difícil, imagínese para alguien que no sabe nada de cómo y dónde buscar uno”, añade el hombre de 60 años.

Eladio Ramírez llegó a trabajar a la Reserva Nacional Ñuble el año 1978 como parte de la primera camada de guardaparques de la entonces recientemente declarada zona natural protegida de la provincia. Con solo 22 años y no sabiendo nada respecto al trabajo que se le iba a encomendar, el joven asumió la que sería la única e importante labor a la que le dedicaría su vida; ir tras el mamífero ícono del escudo nacional, ciervo en peligro de extinción.

La misión para Eladio y sus tres compañeros fue clara; deberían monitorear huemules, tarea no menos desafiante en una época en que era casi un mito hablar de ellos, porque si bien se sabía que existían gracias a algunos estudios científicos que se habían hecho en la zona, no se conocía mucho aún de su presencia.

“Cuando llegué a ser parte del grupo de guardaparques no sabía cómo era un huemul y me tuvieron que mostrar fotos para tener clara sus características y poder buscarlos. Desde el primer día de trabajo me dediqué a caminar toda la reserva buscando huellas”, comenta.

La primera satisfacción de su trabajo la tuvo un año después de haber empezado como vigilante del ecosistema ñublensino. Eladio aún recuerda con especial alegría el momento en que por fin se topó con un ejemplar.

“Ese momento no lo olvidaré nunca y para mí fue impresionante ver uno a solo tres metros de distancia. Se trató de una hembra joven que andaba por el sector de Los Cipreses; al vernos se asustó un poco y corrió unos 10 metros, pero después se fue caminando tranquila, lamentablemente en esos tiempos no se andaba con cámaras”,  precisa.

-¿Le creyeron cuando contó que había visto un huemul?

-La verdad no sé si me creyeron, pero en el informe que hicimos con un colega decía que vimos un huemul ...(risas). Mis jefes me felicitaron, pero en esos años era difícil acreditar que habían huemules aunque uno los viera.

Luego de muchos años de solo ver y describir teóricamente en un papel la experiencia con los emblemáticos mamíferos, que en varias oportunidades se trató de singulares encuentros con grupos de hasta tres miembros, el año 2000 finalmente Eladio pudo retratar a un macho, lo que significó ser el primer registro visual de la especie en la reserva.

Siguiendo rastros

En sus 38 años de experiencia, Eladio Ramírez ha aprendido a elegir los lugares de la reserva en donde se debe priorizar la exploración del huemul, dependiendo de la temporada del año que se esté viviendo.

“En época de invierno se trasladan al sector norte de las laderas en busca de alimento, mientras que en verano prefieren las áreas más pegadas a la cordillera”, aclara.
Eladio precisa que los pelos, fecas y huellas que dejan los huemules en el camino son determinantes para saber cuántos y cuál es el sexo de los ejemplares.

A diferencia de los machos, que sus pezuñas dejan un rastro más firme y ancho, la pisada de las hembras estampan una huella más estrecha y fina, mientras que la de los miembros más jóvenes son más pequeñas en todo sentido.

-¿Cómo identifica a los ejemplares para saber si ya los había visto antes?

-Por los cuernos principalmente, porque ninguno los tiene iguales. Hay uno que le pusimos de apodo “El Flash” porque cada vez que nos ve arranca altiro; ese tiene los cuernos del lado izquierdo apuntando derechito hacia arriba y hay otro que tiene en la punta de sus cachos como un gancho, a esos dos los he visto crecer y nos dimos cuenta que se trasladan en grandes distancias.

-¿Por qué diría que es importante lo que hace? 

-Cuando me contrataron para esto, al igual que mis compañeros, me comprometí a conservar el huemul, así que siempre he estado monitoreándolos y viendo su comportamiento para tratar de que se mantengan algunos grupos con vida. De primera nadie creía que existían huemules y recién desde el año 2000 aproximadamente se empezó a tener conciencia de que habían, cuando empezamos a usar cámaras; antes de eso solo se debía creer lo que decíamos los guardaparques.

-¿Le gusta su trabajo?

-Sí. Creo que al que no le gusta no lo haría, porque igual es sacrificado, porque uno tiene que caminar todo el día, además tiene que aguantar estar solo; pero todo eso se olvida cuando veo uno, ahí me siento pagado realmente.

-¿Por qué el huemul es tan esquivo?

-En la Región de Aysén son sociables, pero acá en Ñuble son más tímidos y les gusta andar solos mayormente; creo que eso se da porque capaz anteriormente fueron más cazados y se terminaron adaptando esa forma de vivir.

-¿Qué siente por estos animales?
-Son  bonitos. Ojalá puedan reproducirse más y así ver que sirvió el trabajo que uno hizo toda la vida.

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