Candidatos y programas

Por: La Discusión 08:45 AM 2016-10-15

Cuando falta una semana para las elecciones municipales resulta oportuno analizar los estilos de hacer política, mientras la ciudadanía ve desfilar ante sus ojos a los candidatos que despliegan sus últimos esfuerzos para instalarse entre sus preferencias. 


En esta instancia aparece una tensión planteada entre dos realidades distintas, pero no distantes: el vaciamiento de la política arquitectónica y la instalación de la política espectáculo. Aunque el fenómeno penetra en la retina de una vasta audiencia, pocos se cuestionan este escenario que se agota en el culto a la imagen de los candidatos. 


Ciertamente, nadie podría desmerecer la calidad de los publicistas, la vivacidad de los colores o el buen trabajo que realizan los que toman las fotografías, muchos de ellos, ayudados por el fotoshop, una suerte de bisturí gráfico que elimina arrugas, estiliza rostros o injerta pelo. No hay candidato, mujer u hombre, que no aparezca mucho mejor que en la vida real. La foto del rostro y slogan llaman la atención desde lejos. Se imponen los nombres y las frases hechas.


Esta “economía” de conceptos e ideas en la comunicación política, sin embargo, también tiene su lógica para aquellos que están en campaña y está asociada a los estudios que indican que la mayoría de la población no comprende adecuadamente lo que lee, no es capaz de seguir instrucciones básicas sin confundirse y no se interesa en la política. Por ende, podría pensarse que entrar a profundizar las propuestas es tiempo perdido. 


Si bien lo anterior da cuenta de una realidad lamentable de nuestra población, la estrategia de llevar mensajes simples y sin demasiado contenido supone el riesgo de caer en discusiones pequeñas, que buscan más dañar al oponente que mostrar las propias fortalezas.


El problema es que más allá de que esta táctica pueda ser exitosa electoralmente y llevar al candidato hasta el mismísimo sillón municipal, se desaprovecha la oportunidad de usar las elecciones para marcar las diferencias, hablar de los “temas de ciudad” y mostrar cuáles son los caminos que conducen a uno u otro lado de las particulares visiones de los candidatos.


Afortunadamente, ya sea por convicción o las restricciones legales recientemente impuestas a las campañas -tanto en su financiamiento como en los espacios públicos para desplegarlas- en esta oportunidad se aprecia un mayor esfuerzo de los aspirantes a alcaldes y concejales por desarrollar contenidos programáticos. 


El hecho que en Chillán tres de los cuatro candidatos hayan elaborado programas con propuestas concretas, es revelador de esta superación en la acción proselitista. En efecto, Bernucci, Jara y Zarzar han realizado un esfuerzo por salir de la zona de confort de la política espectáculo y han presentado sus prioridades e ideas para diferentes problemáticas de la comuna, todas de una complejidad tal que requieren ser abordados con un enfoque político-técnico que no admite la vaguedad ni menos la superficialidad. 


Se podrá discutir la calidad de estas propuestas, pero la renuncia a quedarse en lugares comunes de fácil difusión y poco contenido debe valorarse, pues ayudan a los electores a tomar una decisión verdaderamente informada y meditada, fortalecen la relación entre representantes y representados y reivindican una de las misiones esenciales de la devaluada actividad política: la de ser constructora del futuro. 

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