Participación y rol del Estado

Por: 08:25 AM 2016-10-14

Tanto mayor es el cargo que ocupa una persona, mayor es la coherencia que se espera de ella en cuanto al compromiso y responsabilidad con que actúa. Resulta, pues, natural que a directivos y funcionarios del Estado se le exijan mayores niveles de profesionalismo y que su conducta en la función pública sea precedida por suficientes reflexiones y planificación y no de decisiones que sean el fruto inevitable de la improvisación.

Se pueden transmitir testimonios de la más diversa naturaleza para entender que nuestro país no pasa en ese aspecto por el mejor momento. 

El reciente error de los cambios involuntarios de domicilio electoral de 485 mil personas aproximadamente, que significaría que parte importante de ellas no podrán sufragar en las próximas elecciones municipales por estar muy lejos del local que les fue designado, deja en evidencia esa improvisación que ha marcado a esta administración y que pone en duda si la participación electoral es una preocupación sincera de las autoridades. Si no, cómo se explica un error de esta envergadura, que en opinión de no pocos analistas y políticos puede afectar la legitimidad de los comicios del próximo 23 de octubre. 

En efecto, cuando se prevé un serio riesgo de alta abstención por un conjunto de razones muy relevantes, asociadas a la representatividad y credibilidad de los políticos, las instituciones públicas que tienen a su cargo facilitar que las personas puedan expresar su voluntad democrática, a través del mecanismo electoral, han hecho exactamente lo contrario.

Según el Servicio Electoral (Servel), el origen de la equivocación está en un procedimiento que realizó el Registro Civil. El sistema les cambió automáticamente el domicilio electoral, sin consultarles, a aquellos usuarios que concurrieron a renovar su cédula de identidad o pasaporte.

Desde la otra vereda, el Registro Civil respondió que desde febrero de este año se han establecido una serie de mesas de trabajo con el Servel y que en ninguna de ellas se hizo presente este problema. 

Sin embargo, tal versión fue desmentida ayer por el propio Servel, que dio a conocer cinco oficios que fueron entregados desde 2014 al Registro Civil y que alertaban de modificaciones que hoy son atribuidas a errores informáticos.

Resulta evidente entonces la responsabilidad de este último organismo y pertinente la solicitud de renuncia a su director. Sin embargo ambas cuestiones son secundarias ante un problema que es más de fondo: el padrón electoral. 

Erradas manipulaciones administrativas e informáticas, y sobre todo una creciente falta de rigor por parte de los indicados por la ley para hacerlo, demuestran que el Servel no cuenta con las fortalezas técnicas para dudar o auditar exhaustivamente aquellos datos entregados por el Registro Civil.

De la participación electoral depende la legitimidad de las autoridades que nos gobiernan y en un sistema de voto voluntario como el que hoy rige, lo mínimo que debe hacer el Estado es acercar el sufragio a las personas y no llenarlo de obstáculos, como está ocurriendo actualmente, por más que el Gobierno se esfuerce en mostrarse proactivo, con una inocua campaña publicitaria, lanzada a 11 días de los comicios municipales. 

Hay quienes creen que gobernar es el arte de disimular contradicciones y simular coherencia, pero tal estrategia tiene un límite muy preciso, se llama realidad. 

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