Violencia contra los ancianos

Por: 04:40 PM 2016-10-08

Muchos hemos aprendido de nuestros propios mayores la necesidad de respetar sus años, su condición física y sus necesidades. Hay situaciones en las que lamentablemente solo rigen la buena voluntad y el sentido común, que siempre deberían ir acompañados de una actitud abierta y generosa. En muchos otros casos, son las leyes e iniciativas públicas las que ponen límite y buscan evitar los atropellos que sufre un segmento etario en crecimiento.

Precisamente, preocupada por la situación de las personas mayores, la Municipalidad de Chillán  generó una estrategia para enfrentar la creciente violencia que sufren las personas mayores de la comuna, consistente en una campaña preventiva en contra de los delitos que los afectan y motivarlos a hacer las denuncias en las instancias respectivas. Para ello también entregarán asesoría judicial y sicosocial en la nueva casa del adulto mayor, recientemente inaugurada. Igualmente, el plan comunal de seguridad, también de reciente puesta en marcha, considera la capacitación de líderes vecinales para poder detectar focos de violencia intrafamiliar. 

De acuerdo a cifras del Servicio Nacional del Adulto Mayor, el grueso de los casos de maltrato, regulados por la Ley de Violencia Intrafamiliar, ocurre al interior del hogar. A nivel país, hasta agosto del 2015, se habían registrado 932 casos, lo que representó un aumento de 189% respecto de 2012, cuando se contabilizaron 369. En Chillán, se registra, en promedio, una denuncia por semana. 

Tales estadísticas, sin embargo, son engañosas, pues en el fenómeno de la violencia intrafamiliar contra los mayores esconde una enorme cifra negra, pues está ampliamente comprobado que la tercera edad es el segmento que menos posibilidades tiene de encauzar denuncias, ya sea por ignorancia, porque físicamente están impedidos de hacerlo, o porque tienen temor de hacerlo y generar conflictos con sus familiares. 

Pero la violencia no solo proviene de las familias. El entorno también se ha vuelto muy hostil para nuestros ancianos, que con frecuencia son víctimas de delincuentes que se aprovechan de su indefensión e incapacidad, dejando severas secuelas, tanto físicas como sicológicas.

Al reflexionar sobre el maltro intrafamiliar y la acción delictiva, carentes de límites inhibitorios al ejecutar su acción sin condicionamientos sobre los más débiles, no podemos dejar de plantearnos sobre los orígenes de esta falta de sensibilidad, de desvalorización de la vida del otro y de la propia como parte de una sociedad en la que diariamente se multiplican los mensajes que deterioran las relaciones interpersonales.

El respeto a la dignidad del ser humano, que supone evitar en cualquier circunstancia los maltratos, por acción u omisión, y la violencia contra las personas mayores, incluye también desterrar el abandono y la desatención integral de sus necesidades propias de modo de evitar poner en peligro su vida o su integridad física, psíquica o moral.

El rol de la persona mayor ha sido diverso y, también contradictorio, durante el desarrollo de la civilización. En algunas culturas, ese papel fue y sigue siendo admirado y considerado sabio, al punto de confiar en los mayores como consejeros de vida y de las altas políticas. En otras, se trata a los ancianos como una carga para la sociedad, cuando no para algunas familias.

En Chile estamos dando un ejemplo penoso, especialmente desde el Estado, tal vez el más insensible de todos los actores que deben promover el bienestar y cuidado de quienes han dado mucho y ahora necesitan recibir ayuda y protección.
 

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