El pago de Chile a las universidades de excelencia

Por: Renato Segura 2016-10-06
Renato Segura

Definitivamente la política de Educación Superior en Chile no da pie con bola. En cada intento que las autoridades del ramo han intervenido el sistema, para intentar mejorar su funcionamiento, el resultado final es una inyección cuantiosa de recursos, acompañado de un escaso avance en la calidad del sistema, de acuerdo a los propios estándares que el regulador ha definido para evaluar el sistema. 

Sin embargo, a pesar del diagnóstico oficial, las cuatro universidades de mayor prestigio del país, siguen estoicamente manteniendo en alto su valoración internacional, como ha ocurrido recientemente con el estudio realizado por la revista inglesa especializada Times Higher Education, donde las universidades de Chile, Católica, Concepción y Técnica Federico Santa María, ocupan lugares de excelencia a nivel latinoamericano.

Sin embargo, cuando la evaluación se escala a nivel global, el desempeño de las instituciones aludidas, no tienen el mismo resultado. En esta realidad, es la política del Estado de Chile, en materia de Educación Superior, sobre la que recae mucha de la responsabilidad.

¿Qué hace la diferencia, con respecto de aquellos países cuyas instituciones de educación superior encabezan el ranking a nivel global? En mi opinión, el sistema de regulación en Chile no hace diferencia entre universidades consolidadas y no consolidadas. Este principio, es el mismo que nutre al sistema de jerarquía académica: los académicos que alcanzan la mayor jerarquía, dejan de ser evaluados y pasan a constituir el patrimonio del conocimiento institucional (Profesores Titulares, Beneméritos, etc.).

El regulador en Chile, maltrata innecesariamente al sistema consolidado, sometiendo a las instituciones a procesos de aseguramiento de la calidad y de acreditación, indigno si se considera el estatus que dichas instituciones han alcanzado en el concierto local e internacional.

En efecto, las Universidades de Concepción y Técnica Federico Santa María, con una trayectoria encomiable y orgullo para las regiones de Bío Bío y Valparaíso, las someten vejatoriamente a un proceso de acreditación, otorgándoles 6 y 5 años respectivamente, igual o inferior que universidades sin trayectoria. Para graficar el cuestionamiento, imaginen por un momento que el sistema de jerarquía académica evalúe bajo el mismo criterio a don Patricio Felmer, Premio Nacional de Ciencias Exactas 2011, con un joven académico instructor, prolífico en publicar Working Papers en revistas indexadas. Si esta brutalidad llegase a ocurrir, se asesta un golpe mortal a los pocos espacios para la Investigación y Desarrollo que existen en nuestro país.

Por otro lado, las instituciones más afectadas con esta irresponsable y absurda forma de evaluación que utiliza el regulador, son precisamente aquellos proyectos que nacieron de la ferviente vocación descentralizadora de sus creadores. En este sentido, es la Universidad de Concepción la que solitariamente ha resistido la presión por terminar con su estatus de universidad regional, para un país que ha sido criticado por el excesivo centralismo y desarrollo desequilibrado de su territorio

Parece que la sociedad se acostumbró a premiar, el aporte de su capital más valioso, con la enorme ingratitud que subyace sobre lo que se conoce como: “el pago de Chile”.

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