[Editorial] Balance del PDA

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:25 AM 2016-10-04

El pasado viernes se puso fin al trabajo operacional para la Gestión de Episodios Críticos (GEC), contemplado en el Plan de Descontaminación Atmosférica (PDA) que fue promulgado el 28 de marzo pasado de este año con el objetivo de disminuir los altos niveles de polución a consecuencia de la quema de leña para la calefacción domiciliaria. Este término de ciclo permite extraer valiosos aprendizajes, tanto de sus aciertos, como de sus debilidades.

El balance estadístico de la política ambiental que rigió durante 6 meses en las comunas de Chillán y Chillán Viejo es dispar, con aspectos positivos como el perfeccionamiento del modelo predictivo en comparación al año pasado y otros negativos, como el ascenso en la contaminación por la combustión de biomasa.

En efecto, el nivel de acierto del sistema de pronóstico superó el 94%, es decir que solo en 10 de los 183 días de la temporada otoño-invierno hubo proyecciones ambientales erróneas. 

Donde los datos no son alentadores es en la evaluación de los episodios críticos, pues  el presente año marcó un crecimiento del 19% en cuanto al número de episodios críticos, situación que contrasta con las proyecciones gubernamentales que apuntaban a una reducción de la polución en la intercomuna.  Según los registros disponibles en la página web del Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (Sinca), tuvimos 90 días con un ambiente respirable nada sano. 

El PDA debe valorarse en cuanto concretó un abordaje estructural sobre esta problemática de salud pública, ya que por primera vez la autoridad tiene una herramienta que le permite intervenir en distintos aspectos y avanzar en soluciones permanentes y de largo plazo, como el recambio -mediante subsidio- de calefactores, y el revestimiento térmico de viviendas para consumir menos combustible. Sin embargo, ambas iniciativas carecieron de un presupuesto robusto, por lo que su alcance fue limitado. Este factor, el de los recursos, debe ser corregido con urgencia, pues no solo retrasa las metas anuales en los dos planos antes mencionados, sino también en una materia que es clave: la educación que debe conducir a cambios conductuales de la población.  

Y es que si bien modificar este cuadro ambiental que se ha venido creando especialmente por efectos del uso de leña como combustible corresponde a la iniciativa de las decisiones políticas gubernamentales, la ciudadanía tiene una enorme cuota de responsabilidad, como queda reflejado en el aumento de días extremos de polución por quema de leña que se vivieron este año. 

Claro que no todo debe atribuirse a la poca educación y conciencia ambiental que tienen los habitantes de la intercomuna. En la atmósfera tóxica que nos afecta cada invierno hay un determinismo que deriva de la inexistencia de opciones energéticas, pues mientras la comunidad no tenga otra alternativa factible y económica para hacer el recambio de combustible para su calefacción, no dejará la biomasa. Parece obvio, entonces, la adopción de una política integral que permita la introducción de otras tecnologías para calefaccionar los hogares a un costo razonable y con estándares de calidad ambiental más elevados. 

Pero lo anterior no será suficiente si no existe un genuino compromiso ciudadano por reducir las emisiones y migrar hacia otras fuentes energéticas. Eventualmente podríamos tener gas natural o incluso electricidad a precios que compitan con la leña, pero de nada servirá si chillanejos y chillanvejanos carecen de una actitud proactiva y no adoptan las acciones individuales y colectivas que se requieren para morigerar las deterioradas condiciones ambientales que sufrimos cada otoño e invierno. 

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