“Fue la voluntad de Dios que subiera Ñublense”

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Archivo La Discusión 2016-10-03

Chase Hilgenbrinck viste sotana negra y charla con una convicción cristiana que impacta, mientras saborea un té.

Atrás quedó el defensor de Ñublense al que apodaban el “Gringo” y que llegó a Chile de Estados Unidos para abrirse paso en Huachipato y luego en Naval, hasta recalar en el cuadro chillanejo donde hizo historia el 2006 con el ascenso a Primera y el 2007 brillando en la división de honor.

Ahora es sacerdote, pero sus recuerdos ligados al Rojo están más vivos que nunca. 

“Me acuerdo que me llamó la atención la gran cantidad de gente en el estadio a pesar de ser un equipo de Tercera División. La gente me gritaba ‘gringo’ cuando fui a jugar por Huachipato. Y después me fui a préstamo a Naval y jugamos con Ñublense y otra vez el estadio lleno. El partido quedó suspendido porque el arquero Fernández festejó un gol ante la hinchada de Ñublense y le tiraron piedras. Después jugamos a mitad de semana a puertas cerradas. Mi sueño era jugar en Primera, pero cuando Huachipato no me quiso, acepté la oferta de Ñublense que se armó para subir”, cuenta Chase, el “Gringo” que se metió en la piel de los chillanejos.

-¿Crees que el mensaje cristiano de Luis Marcoleta el 2006 fue clave para motivar al plantel?
- Fue la clave del éxito porque habla no sólo de fútbol, sino que de la vida de Cristo, de las cosas importantes de la vida. Mirando hacia atrás me ayudó mucho en lo que estaba buscando en mi corazón, estaba buscando la voluntad de Dios, me ayudó a saber quién era yo en este mundo,él siempre hablaba de los hijos de Dios. Me dio un contexto para la vida. Nos abrió la vista hacia la comunidad. Nos decía que debíamos preocuparnos de la familia, nos decía que a veces gastábamos la plata en asados y autos, y que teníamos obligaciones mayores. Nos habló al corazón.

-¿Crees que el dramático triunfo ante San Felipe cuando logran el ascenso tuvo tintes de milagro?
- Fue duro ese partido con San Felipe. Fue una celebración, una gran euforia por volver a Primera División. Fue impresionante. Cómo se explica que íbamos perdiendo dos a cero, yo pensaba de donde vamos a dar vuelta el resultado, pero en el camarín se sabía que íbamos a sacar el resultado, nunca dejamos de creer, sabíamos que íbamos a dar vuelta el partido. Se notó la mano de Dios. Fue el momento de Ñublense. Estaba muriendo el padre de Patricio Araya y llegamos a la solidaridad en ese momento. Yo me sentía enfermo porque no podía pasar esto en casa. Nuestro Señor nos ayudó, fue la voluntad de Dios que subiera Ñublense, es uno de los momentos más especiales. Para mí fueron los dos mejores años especiales de mi vida. Sufrí mucho ese partido, abracé al final a Zanatta y di gracias a Dios.

-¿En ese plantel del 2006 te sentiste incomprendido porque comenzaste a vivir la fe, escuchaste el llamado de Dios y te alejaste de ciertas conductas predominantes en el futbolista?
- Cuando uno vive la vida cristiana se siente solo contra el mundo, aunque no era un santo. No estaba viviendo mi fe cristiana. Fue una lucha en medio de tantas tentaciones, pero busqué a Dios, tuve un entrenador que hablaba de Cristo y nos obligó a tener disciplina. El técnico me protegía en mi vida cristiana, el pueblo me protegía porque yo no podía salir y además, seis jugadores que eran evangélicos que me invitaron a estudiar la Biblia -José Yates, Carlos Cáceres, Mauricio Villanueva, Alejandro Maureira, Cristián Olivares y Erwin Concha- se reunían una vez a la semana con sus señoras a hablar de Dios y de la vida para mejorar nuestro ser. Es difícil cuando hay invitaciones a todos lados.

-¿Qué otro partido te marcó en esa campaña?
- Antes del partido con San Felipe, con La Calera logramos hacer el gol en el último minuto. Yo hice una jugada desde la izquierda y saqué el centro y el gol lo hizo Villalobos. Me dieron el premio como el mejor jugador del partido.

-¿Cuándo sentiste el llamado de Dios y te proyectaste como sacerdote?
- Yo iba a la Parroquia Santa Ana porque vivía al frente en la Villa Olímpica. Ahí conocí al cura Alberto de La Fuente, quien no sabía que era fubtolista de Ñublense. Fue muy amable con su comunidad. Me acuerdo cuando supieron que me iba y en la misa hablaron del apoyo que yo le di a la comunidad. Me mostraron una familia y la solidaridad. Así encontré la fe, me gustaba ir siempre a misa. Yo, cuando me recuerdo de Chillán, pienso en la misa y el fútbol. Recuerdo cuando iba a la Catedral en la mañana tras salir del hotel. Dios siempre estuvo en mi vida, en mi relación con la hinchada. En la comunidad de Santa Ana hice el Vía Crucis hasta la San Juan de Dios, hice un retiro espiritual durante la Cuaresma con el diácono de la iglesia y con mi novia de ese entonces Aracely.

-En tu etapa como jugador de Ñublense marcaste tres goles inolvidables. Dos a Curicó Unido en La Granja y otro a O’Higgins en Rancagua.
- Como defensa no hice muchos goles. Quién iba a pensar que iba a hacer dos goles a Curicó Unido, pero Marcoleta siempre me pedía subir a cabecear porque saltaba mucho. Yo me sentí bien por la comunidad marcándole a Curicó, pero para mí era un equipo más, pero mi alegría era por la gente. Nos tuvieron que sacar los carabineros del estadio.Frente a O’Higgins, Lucho Flores hizo prácticamente ese gol, se pasó a tres jugadores, estaba bailando con la pelota, la levantó y yo solo puse la cabeza. Mis padres habían puesto el CDF y se lo dediqué a ellos.

-¿Cuál fue el momento más amargo?
- Cuando los dirigentes no me renovaron para el 2007 y dijeron que Saffie no me quería. La hinchada protestó y Saffie dijo que eso era mentira, me recontrataron y me sumé a la pretemporada. 

-¿Por qué la gente te quiere tanto?
- Quizás por la forma que tenía para jugar, no tenía la técnica de los jugadores chilenos, pero nadie me iba a pasar porque no estaban corriendo más rápido que yo. 

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