La coherencia de llamarse cristiano

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2016-10-03
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Durante la semana que recién finaliza, un grupo representativo de pastores de diversas iglesias cristianas de Ñuble alzamos la voz, una vez más, para denunciar el atentado contra el derecho humano más fundamental, que es la vida misma. Como en tiempos de dictadura, una vez más, la voz profética de los cristianos se hace sentir con fuerza y valentía, pues quien se considere cristiano no puede dejar de ver con preocupación y alarma el proyecto de ley de despenalización del aborto en tres causales. 

La defensa de la vida, desde su concepción en el seno materno hasta la muerte natural, no es una mera alternativa discrecional de la fe en Jesucristo, es más bien la consecuencia lógica de quien cree y sigue al Dios de la vida.

La palabra clara de los pastores y de muchos que, en todo Chile, alzan en estos días la voz contra la iniciativa parlamentaria para despenalizar el aborto, contrasta con la paradójica actitud de algunos parlamentarios que se dicen cristianos y que nada o poco han hecho para proteger la vida de los no nacidos, que “sin voz” no pueden manifestarse ni defenderse solos. Al escuchar a algunos de ellos, justificando lo injustificable, da vergüenza ajena cuando se firman como cristianos, olvidando las palabras de Jesús quien, con mucha claridad, dijo que no se puede servir a dos señores.

Con qué facilidad vemos cómo el nombre de cristiano se usa cuando conviene y trae votos, mientras cuando no, se le pone apellido para desfigurar una inconsecuencia moral. 

Es bueno recordar que para un cristiano católico, en palabras del Papa Francisco, la política “es una forma de martirio”, y los cristianos “deben involucrarse ahí, aunque se ensucien un poco” porque es parte de su vocación. Son palabras dirigidas a jóvenes de la Comunidad de Vida Cristiana, el año pasado en el  Vaticano, donde recordó al Papa Pablo VI, quien dijo que la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común, y recordó que “ser santo haciendo política” tiene su precio y consecuencia.

En la ocasión, Francisco agregó que “lo que nos ofrece hoy el mundo globalizado es la cultura del descarte: se descartan los niños porque no se tienen hijos o porque se matan antes de nacer, se descartan los ancianos porque no sirven”. Ante esta realidad quien profesa a Cristo no puede quedar indiferente, su silencio es complicidad, y su aprobación un crimen.

¡Qué claro es el Papa!, y que relevante para nosotros hoy en que está en discusión legislativa un proyecto de aborto, en que la coherencia de los legisladores católicos se pone a prueba, pues tienen la gran responsabilidad de permitir o no que se introduzca esta legislación de muerte, que pone en estado de indefensión jurídica a todos los no nacidos, abriendo camino a una forma de legalización del aborto libre.

El catecismo de la Iglesia Católica establece de modo vinculante para todo católico que “desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocido en sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (N. 2270). Así las cosas, si de verdad un católico quiere ser coherente con su fe, no puede dar el voto a proyectos o candidatos que favorezcan el aborto, pues no es lícito para un católico apoyar el atropello al más básico de los derechos humanos: la vida.

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