Visión de Estado

Por: La Discusión 11:45 AM 2016-10-01

Una manera de comprender la actual crisis de confianza y representatividad que sufre la política nacional es observar su sentido desde dos puntos de vista básicos, distintos y opuestos: la confrontación y el desarrollo. 


Podríamos decir que cada una de estas visiones y formas de hacer política encarna distintas visiones del mundo e incluso distintas posiciones existenciales.  
La primera centra su mirada en el adversario o en los muchos adversarios que necesita recrear constantemente para alimentar su estructura de sentido. La tarea es enfrentarlos y vencerlos. La segunda, en cambio, cree que su misión es implementar el desarrollo necesario y tiene como tarea organizar situaciones para que la mayor parte de las personas disfruten de lo mejor que el talento organizativo permite alcanzar. 


En la política de la confrontación los recursos se ponen a disposición de la batalla mental que la obsesiona, mientras que en la política de desarrollo el talento está puesto al servicio de la creación de realidades disfrutables, es un recurso del amor por los otros, de la capacidad de querer y plasmar. 


Puede sonar ingenuo hablar de amor en un contexto político, pero no lo es, al menos no para quienes consideran que el sentido de la acción política tiene que ver con la generación de vida nueva, con la producción, con la invención de valor.


En la política de confrontación el poder es el verbo central, un poder cuyo sentido está resumido en sí mismo y en su eterna auto reproducción. En la política de desarrollo se trata, en cambio, de intentar ocupar el lugar del poder porque es desde allí que se organiza el mundo. Si hay confrontación, es secundaria, el fin es la producción de nuevas realidades, mejorar la vida concreta, generar oportunidades para todos.


Hoy, Chile necesita que la energía que se ha destinado a la confrontación y a alimentar las retroexcavadoras sea puesta en función del desarrollo y por lo mismo, requiere de líderes políticos que encarnen una mirada propositiva y futurista. Una visión de Estado, que sea independiente de los breves ciclos políticos y que permita ofrecer al país una hoja de ruta para el largo plazo.


Esto último es lo que promueve Ricardo Lagos Escobar, quien ayer presentó en Chillán su último libro con el sugerente título “En vez del Pesimismo. Una mirada estratégica de Chile al 2040”. 


Lagos tiene al frente un país muy distinto al que le tocó gobernar y se podrá estar o no de acuerdo con lo que hizo cuando fue Presidente, como también con su aspiración de volver a La Moneda, pero no se puede negar que es un activo importante de la centroizquierda, que tiene historia, prestigio y carisma y que ejercicios reflexivos como el que ha hecho es lo deseable para cualquier líder que aspira a la primera magistratura de la nación. 


Las dificultades que hoy enfrenta nuestro país, a no dudarlo, solo serán superadas al cabo de un ejercicio sistemático de estudio y discusión que dé paso a políticas con visión de Estado que no se agoten en períodos presidenciales de 4 años. 


Es célebre la máxima que señala que “la diferencia entre un político y un estadista es que el político piensa en la próxima elección, y el estadista piensa en la próxima generación”. Quienes así lo hagan, del sector político que sean, deberían tener muchas más oportunidades de elevar su imagen pública y lograr adhesión ciudadana que quienes prefieran continuar volando bajo, repitiendo muletillas reformistas de las cuales Chile debe alejarse para siempre.

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