Germán Irarrázabal:El arquero que pasó de villano a héroe

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Archivo La Discusión 2016-09-26

A 12 años del título de 2004 y el ascenso a Primera B, el ex arquero de Ñublense, Germán Irarrázabal, ahora ya retirado y radicado en San Felipe, no olvida un episodio que lo marcó en esa dramática campaña.

Es que el golero, que llegó proveniente de Constitución, en plena liguilla final fue acusado de dejarse sobornar.

Sin embargo, tras superar una grave lesión de rodilla, se alzó como una de las grandes figuras del equipo para lograr el retorno al profesionalismo.

-Ñublense debuta en la liguilla del 2004 y pierde 5-2 con Trasandino en Los Andes... comienzan los rumores sobre un posible soborno...
-Yo tuve responsabilidad en dos o tres goles. Después comenzaron los rumores de que el equipo estaba tirando para atrás. Se empezó a hablar que Casiano Andrade nos había ofrecido plata y otras cosas. Pero después jugamos con Barnechea y ganamos 2-1 en Chillán. Fui blanco de críticas, mucho más cuando perdimos 3-0 con Curicó Unido. Ahí ya dijeron que me habían sobornado, que me habían dado plata, que estábamos negociando una plata por subir y como no habíamos llegado a acuerdo, estábamos tirando para atrás. Nos trataron de mercenarios. Un dirigente le dijo a Marcoleta que me habían dado dinero por dejarme perder. Después el profesor habló conmigo y no podía creer lo que estaban diciendo de mí. Yo podía aceptar que había jugado mal o problemas de indisciplina, pero jamás de soborno. El plantel se dividió en dos bandos, en la calle me gritaban cosas y la pasé muy mal.

-La dirigencia dio una conferencia después del partido que perdieron en Curicó y los dio casi por muertos.
-Sí, eso estuvo mal. Dieron a entender que ya estaban trabajando para el próximo año. Después el torneo se paró un par de fechas porque se hizo un reclamo contra Rodrigo Cáceres porque supuestamente su pase pertenecía a Malleco Unido. Esa pausa Ñublense la aprovechó  para levantar cabeza, ya que vencimos sufriendo a Trasandino en casa. Para ese partido el “profe” Marcoleta me saca del equipo, me deja en la banca con Mario Osorio y me reemplaza Erick Apablaza, todo por ese comentario que echó a correr un dirigente. Pero sabíamos que teniendo una opción la íbamos a pelear, nadie nos iba a quitar el sueño.

El conflicto por el "pescado”
A finales del Torneo de Apertura, cuando el técnico era Esaú Bravo, quien armó el plantel junto a René Rubio, el primer gran conflicto estalló cuando la dirigencia visó la contratación de Ricardo Parada, que provenía de Universidad de Concepción, con cupo profesional, en reemplazo del volante de corte Rony Gacitúa, que pertenecía a Deportes Temuco y que debía ceder su lugar.

-Tú eras el capitán y estalló el primer gran conflicto.
-Ahí nos reunimos con Sergio Zarzar y parte del directorio. Nos dijo que Rony estaba desvinculado del plantel y nosotros nos molestamos y decidimos no presentarnos a jugar. Entonces me llamaban a mí como capitán, pero ahí el directorio se dio cuenta que Esaú Bravo no tenía peso. Hasta última hora no nos presentábamos y al final conversamos con el presidente. Por ese conflicto separaron a Erick Olivares y Marcos Plaza del primer equipo y Bravo no intervino. Después yo me corté el ligamento cruzado de la rodilla y llegó Erick Apablaza. Tras esta situación la dirigencia decidió despedir al profesor Esaú Bravo argumentando que le faltó carácter para manejar el grupo. También se fue el preparador de arqueros Fernando Ríos y el preparador físico Patricio Burgos.

-¿Quiénes te apoyaron cuando te rompiste la rodilla?
-En ese momento amargo siempre estuvo conmigo la familia. Después de ganarle a Trasandino, la dirigencia nos quitó la concentración de cara al partido con Barnechea en Santiago. Curicó Unido ya había perdido con Barnechea y habíamos descontado tres puntos. Entonces esa semana el profesor Marcoleta me dijo que yo iba a jugar, a pesar que me estaban tratando de mercenario. Estábamos obligados a ganar. El domingo viajamos a las 7 de la mañana a jugar con Barnechea. En el momento de la charla Marcoleta dice que quiere ganar ese partido con jugadores de jerarquía para contrarrestar lo que había dicho Sergio Zarzar en la conferencia, cuando dijo que éramos un equipo sin jerarquía. Ese partido ganamos 3-1 y anduve muy bien. Los dirigentes volvieron a creer, ya que jugábamos un paso en nuestra cancha. Nos unimos. El partido con Barnechea fue clave para volver a creer.

-Y llegó el inolvidable partido con Curicó en Chillán...
-El estadio estaba repleto, nosotros llegamos en radiotaxis al estadio y nos encontramos con mucha gente. El profe “Lucho” nos atacó la parte espiritual y nos dijo que nos teníamos que reivindicar. Y así fue. Ganamos 2-1 y debíamos definir en Linares. Antes de ir a Linares dio la charla en el hotel y de repente sacaron un data show y empiezan a salir los familiares. Recuerdo en lo personal que apareció mi mamá que se llama Miriam Hernández, quien me dijo que demostrara que si estaba ahí era por algo. Mi padre estaba trabajando, pero viajó de Santiago a Chillán a ver el partido con Curicó Unido. Después viajó a San Felipe, trabajó día y noche y se volvió directo a Linares a ver la final. En Linares se sentía un camarín ganador. Me recuerdo que cuando íbamos camino allá se veían las caravanas.

-Ahí fue el momento de tu revancha. Le atajaste un penal a Rodrigo Cáceres y fuiste figura.
-Todos celebraran en la cancha y yo me fui a celebrar con mis padres en la reja, quería disfrutar ese momento de desahogo, por todo lo que se dijo de mí, ahí incluso se me acercaron las radios y yo defendí mi nombre, dije que los dirigentes no habían actuado bien, que nos dieron por muertos, limpié mi nombre, pero eso me costó que no me dejaran en el plantel del próximo año del 2005. Ahí decidí retirarme del fútbol. Para mí Ñublense fue la coronación de mi carrera.

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