[Editorial] Inequidad escolar

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:25 AM 2016-09-22

La pobreza, en muchísimos casos, se hereda de generación en generación. Va adoptando diferentes facetas, pero mantiene un ADN cargado de vulneración de derechos elementales junto con falta de oportunidades. Por lo mismo, se torna fundamental hacer foco en cómo romper con el círculo de la exclusión que lleva a tantas familias a vivir sin sueños de mejora, resignándose desesperanzadamente a un futuro precario, a un porvenir sin nada bueno.

Para lo anterior es clave no solo tener acceso a educación, sino a una educación de calidad y por lo mismo, resulta preocupante que la intercomuna Chillán-Chillán Viejo aparezca entre las zonas conurbanas donde los alumnos de sectores vulnerables tienen menos accesos a escuelas públicas de calidad. Así lo sostiene un estudio realizado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y el Centro de Inteligencia Territorial (CIT) de la Universidad Adolfo Ibáñez, que consideró a las principales ciudades del país. 

Para medir el acceso de los escolares a la educación, se estableció un Índice de Acceso a Escuelas Efectivas (IAEE), que considera el acceso potencial a escuelas efectivas, definidas en la investigación como aquellas donde más del 30% de los alumnos está en nivel adecuado en Simce 4º básico de Lenguaje y Matemáticas. Este índice, además, considera en su cálculo la disposición a desplazarse de los estudiantes, aspecto significativo al evaluar la realidad local.  

En este análisis es precisamente que la ciudad aparece entre las urbes con la peor equidad escolar, pues un 37,8% de los estudiantes pertenecientes a los grupos socio-económicos D y E no tienen acceso a escuelas efectivas, las que se concentran mayoritariamente en el cuadrante histórico y sectores que, además, tienen una baja densidad de población en edad escolar, contrastando con zonas de alta población en edad escolar, pobres y vulnerables. Es, en otras palabras, la expresión educacional del fenómeno de “guetización” que hace tiempo venimos alertando en las comunas de Chillán y Chillán Viejo. 

En contextos de pobreza prolongada, la esperanza es justamente lo primero que se pierde, porque quienes la sufren no conocen escenarios diferentes ni se sienten preparados para construir un futuro mejor, carecen de oportunidades para crecer y no reciben las herramientas necesarias para poder ser artífices de un mejor destino. 
Como tantas veces destacamos desde estas columnas, para empezar a romper con el vicioso círculo de la pobreza, la mayoría de los especialistas coincide en señalar un único camino posible: concentrar los esfuerzos en una educación de calidad.

En la medida en que como sociedad no reconozcamos la urgencia por modificar este estado de cosas, el futuro de nuestra juventud se acorta.

Solo encarando comprometida y seriamente el desafío de educar, comenzaremos a dar los primeros pasos en la tarea de construir la ciudad y la Región que queremos y que muchos de nuestros excluidos niños merecen.

Es hora de recuperar aquella valiosa movilidad social que ayudó a nuestros padres, abuelos y bisabuelos a forjar esta ciudad. Solo así, nuestros hijos y nietos tendrán alguna probabilidad de ver desarticulada esta perversa pobreza estructural que se aferra con fuerza frente a la impávida mirada de muchos de sus principales responsables.

 

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