[Editorial] Nuevo Pladeco de Chillán

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:20 AM 2016-09-21

Para 2020 la población de Chillán llegaría a las 200 mil personas, lo que representa un enorme desafío en cuanto a cómo lograr que sus habitantes puedan llegar a vivir en cierto grado de armonía, conciliando aspectos tan fundamentales como el espacio, las relaciones sociales y ambientales, mejores ingresos, nuevos negocios y una gestión que debería ser lo más sustentable posible. 

Se trata de una dinámica compleja y que debe ser enfrentada, a no dudarlo, con una planificación anticipada. Y para eso precisamente existen los planes de desarrollo comunal (Pladeco), que más que plantearse metas de corto plazo, cumplen el importante rol de anticipar nuevos escenarios. 

En el caso de nuestra ciudad, a la luz de lo conocido la semana pasada tras la adjudicación del nuevo Pladeco (2017-2022) a la empresa santiaguina CGA Ingeniería y Consultores Limitada, tendremos una combinación de ambos objetivos, es decir un instrumento de planificación que se hará cargo de proyectos de adelanto que tienen urgencia, como otros que no necesariamente son obras físicas y están signados por la premura, pero que son igual o más relevantes para el futuro de la ciudad.

Revisando sectorialmente tales desafíos, en medio ambiente, la contaminación del aire nos condena, ya que tenemos el segundo lugar nacional en emisiones de CO2 per cápita. En materia de áreas verdes, en tanto, estamos en el fondo de la tabla, con el más bajo índice de todas las ciudades chilenas. En cuanto a movilidad, queda en evidencia la necesidad de una nueva red vial, mientras que en el área de economía y negocios nos ubicamos por debajo del promedio país de urbes de igual tamaño, como consecuencia de la falta de nuevos emprendimientos, baja productividad y un reducido porcentaje de inversión en innovación y desarrollo. 

El Pladeco, entonces, debe hacerse cargo de todo aquello, de modo multidisciplinario, con instancias de participación abiertas a todo tipo de profesionales y ciudadanos en general, ya que serán necesarios los esfuerzos de todos los habitantes, no solo de los niveles universitarios o empresariales, para desarrollar de modo sustentable y con mayor equidad, la ciudad del futuro. 

Por lo mismo, una metodología participativa como la anunciada la semana pasada por el alcalde Zarzar no solo es deseable, sino que imprescindible para que esta nueva carta de navegación efectivamente movilice a autoridades y ciudadanos detrás de un proyecto común de ciudad y no de un listado de obras, por más ambicioso que sea.  

Lo que se debe tener muy presente es que para que el planeamiento estratégico realmente funcione debe existir la convicción política y la capacidad intelectual para monitorear sus instrumentos y logros. Cuando aquello brilla por su ausencia, ocurre la deformación cultural que conduce a la incapacidad de comprender el real valor de la planificación y las ciudades terminan siendo un monumento a la improvisación. 

Chillán no ha llegado a ese extremo, pero buena parte de sus problemas se deben precisamente a una sucesión de ejercicios fallidos de planificación.

Conviene entonces que los ciudadanos examinen con atención las propuestas de los cuatro candidatos a alcalde, como también de los 55 aspirantes a concejales y adviertan qué valor le dan en ellas a la planeación estratégica de la ciudad. Sería un buen filtro a la hora de preferir a unos y otros en la papeleta del 23 de octubre. 

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