La historia de tres ñublensinas y su pasión por la “ovalada”

Por: Camilo Díaz Fotografía: Cedida 12:35 PM 2016-09-20

Tres mujeres de la provincia de Ñuble, una de Coelemu, otra de Bulnes y una de Chillán, comparten la pasión y lucha de un deporte considerado violento por algunos y que por lo mismo le ha instado a hacer frente los prejuicios por practicarlo en más de una ocasión.

Las tres son capitanas de Lobas, Kawell y Canguras respectivamente y compiten en una reciente liga interregional femenina entre clubes de la octava y séptima región, donde además en forma paralela, Kawell está presente en la liga zonal sur, competencia en que quienes terminen en los tres primeros lugares, pasan a la final nacional.

La más joven de ellas es Javiera Cabrera (18), pero que no necesariamente cuenta con menos experiencia. Y es que a la capitana Lobas de Coelemu, quien juega actualmente de fly, su pasión por la “ovalada” le surgió cuando tenía 14 años.

“Cuando conocí el rugby tenía 14 años. Era fanática del fútbol, pero un grupo de chicas un día me invitó a participar del equipo de rugby que estaban formando en Coelemu y sin muchas expectativas acepté”, evoca la estudiante de 4º medio.

Cabrera agrega que ya en el equipo, “encontré amigas, familia, amor por el deporte y conocimiento de muchas cosas que me han servido para la vida. Hasta mi primer partido no me había dado cuenta que era allí donde quería quedarme”.

Marcia Rivera de 19 años, estudiante de Pedagogía en Educación Física de la UBB, partió desde hace tres años y medio en el rugby en un comienzo con miedo, además de considerar el que nunca antes había practicado deporte alguno de manera regular.

“Fui porque me invitaron. Al principio no quería porque me daba miedo, tengo que admitirlo (ríe), de hecho en mi segundo entrenamiento hicimos físico y fue horrible pues no había hecho ningún deporte antes y pensé en salirme. Pero poco a poco, con ayuda de mi compañeras de equipo y mi entrenador fui adoptando esa disciplina y motivación que es fundamental en el rugby y me fui enamorando de la ovalada”, recordó la capitana de Kawell, quien tras juramentarse al menos llegar a jugar un primer partido tras el pitazo inicial del árbitro, “todo el miedo que sentía desapareció y el sentimiento que mis compañeras me hicieron sentir al saber que independiente del resultado estaban felices por haber sumado un partido más, haciendo lo que les más les gustaba.”, concluyó la bulnesina que juega de fly.

Desde Canguros Chillán, Victoria Vera (23), capitana, dio pie a su experiencia rugbista desde el año 2010.

“Una prima jugaba y me llevó a un entrenamiento porque yo andaba con mil problemas en mi cabeza, y me gustó mucho. Me acogieron muy bien y desde ahí que se convirtió en mi deporte. En el rugby conocí a mi mejor amiga, mi mejor amigo, y una especia de familia que aunque no los vea mucho hasta el día de hoy si necesitas algo están dispuestos a ayudarte”, narró la estudiante de ingeniería en agronomía.

Claro está que Vera, quien si bien es chillaneja, también tiene familia sancarlina y fue ahí donde jugó en Tornados y aprendió sobre el rugby.

“Mi familia y corazón está con Tornados de San Carlos (ríe). Ahí me enseñaron todo lo que sé del rugby. Jugué tres años allí pero no se jugaba tan seguido. Luego jugué por equipos de Santiago en nacionales algunas veces y después dejé de jugar, hasta que en enero de este año empecé en Canguras”, cuenta la actual fly.

Estereotipo del deporte y género

Como mujeres, tanto Javiera, Marcia y Victoria saben lo que es lidiar con prejuicios que responden primero al practicar un deporte de contacto, catalogado como violentos por algunos, y a la vez al hecho de jugarlo y ser mujeres.

“Día a día debo convivir con gente que me dice; Jamás jugaría eso. Pero para mi todas las personas que vivimos el rugby sabemos toda la preparación que hay, el entrenamiento y dedicación que ponemos para enfrentar el contacto físico de nuestro deporte, sin importar el género”.

“El rubgy no es violento. Es duro y agresivo, pero nunca violento”, suma Marcia, quien ante la diferenciación de género que se presenta en ocasiones, le hace ver que “pareciera que para la sociedad el hecho de ser mujer te tiene que limitar a hacer ciertas cosas y nada que ver. Encuentro que hay que tener bastante coraje para ser capaz de practicar un deporte tan complicado como lo es el rugby”.

Victoria confidencia que “amigos y familia que no conocían el rugby, no les gustaba. El tema de llegar golpeada era pelea con mi mamá”. 

No obstante, al final la capitana de Canguras recalca que con el paso del tiempo la apoyaron, tal y como su papá, quien lo hizo desde un principio, pues también lo jugaba. “Se terminaron dando cuenta que nosotras no nos golpeamos tanto como los hombres y que es sólo prejuicio”.

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