[Editorial] Futuro agrícola

Por: Fotografía: Fernando Villa 10:25 AM 2016-09-20

Guste o no, la futura Región de Ñuble seguirá asociada a la tradición agrícola que le ha permitido a este territorio generar riqueza y una poderosa identidad cultural, a la que ahora deberá sumar la sustentabilidad como un factor estratégico de primer orden. 

En efecto, el siglo XXI plantea el desafío de contar con sistemas alimentarios sostenibles que no degraden el ambiente natural, ni amenacen a los ecosistemas y a la biodiversidad porque nuestro abastecimiento futuro depende de ellos. 

La cartera de proyectos del plan maestro nacional de riego incluye, además de La Punilla, otros cuatro embalses para esta provincia. Sin embargo tal disponibilidad de agua para terrenos que hoy están sufriendo los impactos del cambio climático, es una ventana que se abre, pero que también deberá tener un correlato ambiental. 

La producción global de alimentos ocupa un 25 por ciento de la superficie habitable, un 70% de consumo de agua, produce un 80% de deforestación y un 30% de gases de efecto invernadero. Es, por tanto, una de las actividades que más afectan a la pérdida de biodiversidad y a los cambios en el uso del suelo. 

En Europa ha cobrado gran importancia el consumo informado, que lleva a las personas a elegir aquellos alimentos cuyo impacto en el ambiente sea menor, incentivando la adquisición de productos orgánicos y los generados en mercados locales, donde se requiera menos transporte y, por lo tanto, se produzca una menor contaminación. 

Y tal como ocurre con la huella de carbono, la huella hídrica está llamada a tener relevancia creciente en momentos en que el cambio climático muestra para esta zona proyecciones de aumentos de temperatura entre 1 y 3º en un escenario moderado, y de 2 a 4º en un escenario severo de aquí a fin de siglo. 

Este concepto fue desarrollado por el académico holandés Arjen Hoekstra, hace una década y se define como “un indicador del uso de agua dulce que no solo considera el uso directo de un consumidor o productor, sino también indirecto”.

La huella hídrica (HH) total de la agricultura en Chile es de 9.508,73 millones de m3/año, de los cuales el 73,6% corresponde a la HH de las praderas, trigo, maíz, uva vinífera y manzano. Geográficamente, se concentra en las regiones de O’Higgins, Bío Bío y La Araucanía. Maule y Ñuble, en tanto, son las áreas que presentan la mayor HH total per cápita del sector agrícola, con  2.389,3 m3/habitante al año.

Igual como hoy un consumidor está dispuesto a pagar más por un producto que tiene baja huella de carbono porque está ayudando a neutralizar el calentamiento global, lo mismo ocurrirá en algunos años más con la huella hídrica, que mientras más baja sea, mayor será el valor que agregue a los productos. 

Por lo mismo, es el momento de que los agentes productivos locales reflexionen acerca de cómo debería ser un sistema alimentario sostenible, qué acciones podrían emprenderse para mejorar nuestras modalidades actuales de generación y uso de alimentos, y cómo aprovechar mejor los recursos productivos. Es el momento de plantearse éstas y otras preguntas. No hacerlo es darle la espalda al futuro de la Región de Ñuble.

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