Oportuno mensaje de la Iglesia

Por: La Discusión Fotografía: Fernando Villa 03:35 PM 2016-09-17

Como todos los años con ocasión de la celebración de Fiestas Patrias, la voz de la Iglesia ha vuelto a hacerse oír para transmitirle a la sociedad un mensaje de reflexión y responsabilidad. Es importante que le prestemos oído, pues tal como dijo anoche monseñor Carlos Pellegrin durante el Te Deum, todos estamos llamados a cultivar una actitud positiva y constructiva, que una y no divida, que construya puentes y no división. “Unidos podemos enfrentar y superar los problemas pendientes que nos preocupan a todos y que deben ser tratados con hondura y altura de miras, en el contexto de una amplia y democrática discusión centrada en el bien común y no en provecho de intereses egoístas”, expresó en su homilía el obispo de Chillán.


Ciertamente, la feligresía católica puede sentirse, como es natural, en el centro de este mensaje, pero lo cierto es que éste tiene un sentido magisterial dirigido a hombres y mujeres que congregados por otros credos y posturas filosóficas, son por igual parte del mundo indivisible y diverso de la sociedad ñublensina.
Precisamente, el respeto a esa diversidad fue parte central del sermón entregado anoche por el prelado, quien exhortó a todos los habitantes de la futura Región de Ñuble a procurar el buen trato, el respeto, y la búsqueda de la unidad. “El sueño de ser Región podría convertirse en una pesadilla si no cultivamos actitudes de escucha, tolerancia y encuentro”, fue su motivador y oportuno mensaje.


En la misma línea,  la autoridad eclesiástica hizo presente la inconveniencia del reformismo irreflexivo y criticó la lógica de la retroexcavadora que aún parece dominar a algunos sectores del Gobierno. Acertadamente, recordó que “un país tiene raíces, una historia de éxitos y de fracasos, de dolores y alegrías, que enseñan a cuidar la tradición y no pensar que podemos comenzar de cero borrando lo que ya hemos construido... Cuidar la patria significa no acelerar los procesos de participación y reflexión, no hace bien presionar para sacar leyes a la rápida, que dejarán innecesarias tareas para corregir sus errores. La historia no se puede borrar y, para mejorarla, hay que construir sobre ella fortaleciendo lo bueno y mejorando lo que no está bien”. 


Como era de esperar, el obispo hizo expresa referencia al proyecto de aborto terapéutico que impulsa el Gobierno, manifestando su rechazo a esta agenda legislativa, lo mismo que a los cambios que se promueven en la educación superior, particularmente en materia de autonomía universitaria. 


Igualmente, debe valorarse el llamado de la Iglesia a no olvidar la complicada situación de los jubilados y el actual problema que enfrenta el sistema de pensiones y el emplazamiento que hizo al sector empresarial, a crear más empleos y que éstos sean de calidad. 


Por último, cabe detenerse en el exhorto a la dirigencia política a abandonar sus malas prácticas tradicionales -el clientelismo, la exacerbación de las luchas internas- y a protagonizar una auténtica conversión que los transforme en servidores genuinos y eficientes del bien común, sobre todo considerando la proximidad de las elecciones municipales.


No está de más recordar, en este sentido, que la llamada clase política constituye el sector social que todavía no ha hecho un auténtico ejercicio de autocrítica. Otros sectores de la sociedad han realizado, de un modo u otro, con mayor o menor amplitud, su autoexamen de conciencia. Los políticos, en cambio, aún le deben al país ese gesto. 

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