La Bauhaus en Chillán

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-09-15
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

“Arquitectos, escultores, pintores, debemos regresar al trabajo manual. Establezcamos, por lo tanto, una nueva cofradía de artesanos, libres de esa arrogancia que divide a las clases sociales y que busca erigir una barrera infranqueable entre los artesanos y los artistas”.

Esa fue la filosofía del arquitecto alemán,  Walter Gropius, fundador de la Escuela de Arquitectura y diseño conocida como la Bauhaus, en 1919 y cerrada por las autoridades prusianas en manos de los nazis. Estos vieron en su enseñanza, racionalista,  que ponía la estética al servicio de lo funcional y no al revés como ocurría hasta esos momentos, a una escuela de inspiración socialista, internacionalista y judía, y procedieron a cerrarla. 

Esta  escuela revolucionó  la arquitectura y el diseño industrial y gráfico en el mundo entero, democratizó el diseño de calidad poniéndolo al alcance de todos los ciudadanos. Dejó el diseño ser símbolo de discriminación social.  Las sencillas cucharas con que preparamos  café todos los días al desayuno,  o las cafeteras  de uso tan corriente hoy en día, incluso muchos artefactos y sillas que pensamos son de diseño reciente fueron diseñadas en los talleres de esta escuela.

Una vez cerrada por los nazis, los arquitectos y diseñadores huyeron del terror nazi y se diseminaron por el mundo. Uno de ellos llegó a Chile, a trabajar en el MOP. Era  Tibor Weiner, arquitecto húngaro que junto a Ricardo Miller no solamente terminaron el Estadio Nacional, sino que llegaron a Chillán a proyectar el  Cuerpo de Bomberos de Chillán y el actual complejo de edificios de la Gobernación, formidable muestras de arquitectura institucional, racionalista y cívica. 

Chillán no solamente tiene la suerte y el privilegio de tener  los murales de Siqueiros y Guerrero, la Catedral (auténtica joya de arquitectura moderna) el edificio de la Copelec (elegido entre las 20 obras más importantes de arquitectura moderna del siglo XX),  el edificio de los ex Dos Cuyanos, o la Casa Etchevers. Sino que además tiene dos joyas diseñadas por un discípulo directo de Gropius. El Cuerpo de Bomberos y el complejo de la Gobernación son la huella viviente de una  herencia incomparable.  

Sebastián Grey, ex presidente del Colegio de Arquitectos, afirma que “Chillán es más bella, más interesante, más coherente y sabe más de orgullo cívico que muchas otras ciudades chilenas”. 

Nos preguntamos si los chillanejos estamos conscientes de la ciudad en la que habitamos. El patrimonio con los años y el diario convivir se torna un tanto invisible, por ello es bueno que  las autoridades (tomen nota en tiempos de elecciones) sean capaces de liderar políticas públicas locales que preserven la identidad y la memoria  histórica, pues allí radica la identidad y sentido de pertenencia de la ciudad y de quienes la habitan.  

El turismo y la calidad de las ciudades se sustentan en su patrimonio arquitectónico y cultural. Para que ello se proyecte al futuro, la educación debe  ir acompañada de una formación por y para  el patrimonio y la historia, de modo que cada chillanejo se transforme en un agente difusor de la puesta en valor del patrimonio tangible e intangible de la ciudad. 

Por último, un dato interesante. En los cabildos regionales del proceso constituyente, en el ítem deberes y responsabilidades, los chilenos que participaron ubicaron en el quinto lugar “la protección y conservación de patrimonio histórico y cultural”. Parece que por ahí va la cosa.

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