Personalidad del buen patriota

Por: José Luis Ysern de Arce 2016-09-15
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Bien sabemos que el mes de septiembre en Chile es el Mes de la Patria: conmemoramos el nacimiento de Chile como nación independiente y autónoma, y lo celebramos por todo lo alto. Una celebración así nos lleva a reflexionar sobre la personalidad del buen patriota, sobre lo que debe identificar al buen chileno. 

Me parece que todos intuimos inmediatamente que ser buen patriota no consiste solo en izar la bandera a tope en cuanto mástil exista, ni en emocionarse hasta las lágrimas al escuchar los acordes del himno nacional, ni en gritar vivas hasta el agotamiento al seleccionado de fútbol después de una victoria. 

Ser buen patriota tampoco es creer que los nacidos en esta tierra merecen más honor y prestigio que los ciudadanos de otros países, que a veces reciben desprecio y marginación. Actitudes despreciativas así, aparte de ser propias de personas de escasa formación y mal gusto, son expresión de un chovinismo trasnochado y repelente. Son actitudes que corresponden a manifestaciones indeseables de lo que podríamos llamar feo patrioterismo, no patriotismo.

Las manifestaciones deseables del patriotismo son otras. Es buen patriota la persona que destaca por su amor a la Patria. Un amor que se traduce en obras concretas y que no se queda en palabrería barata de discursos rimbombantes, pero huecos. 

¿Hay algunos indicadores de ese amor concreto a la Patria? Los hay. La lealtad es uno de ellos. Es una virtud que valoramos en nuestros buenos amigos. Alguien nos llama la atención por su lealtad cuando lo vemos invariable, firme junto a nosotros, pase lo que pase y cueste lo que cueste. Este hombre, esta mujer leal, está ahí a tu lado, sin vacilar, aunque las cosas vayan mal y sea tiempo de vacas flacas. Gran cosa la lealtad en tiempos de abandono, de críticas maledicentes, desconfianzas y corrupción. 

Esta del buen patriota es una lealtad a los grandes valores de la Patria: justicia, equidad, libertad, democracia, unidad. Es una lealtad crítica, no acrítica ni bobalicona. Por eso el buen patriota, que destaca por su lealtad, es alguien -y aquí viene otro indicador del amor a la Patria- que se concientiza y ayuda a la concientización de los demás. Es decir, toma conciencia de los problemas de su pueblo y ayuda a que otros asuman también la misma conciencia y responsabilidad acerca de esos problemas. Por eso este hombre, esta mujer, que se destacan por su lealtad a los grandes valores y a la vez toman conciencia de los problemas que nos afligen, se convierten en constructores de una sociedad mejor. 

Ya tenemos tres grandes indicadores del buen patriota: persona leal, concientizada, constructiva. 

Este patriota tiene conciencia de ciudadano, le importa la Patria a la que pertenece, desarrolla el correspondiente sentido de pertenencia y por lo tanto asume con gusto -y muchas veces con gran esfuerzo- las responsabilidades políticas y ciudadanas que vengan. 

Su sentido crítico es constructivo y no derrotista ni amargado. Pone manos a la obra y no espera soluciones ni milagrosas ni de la sola autoridad. 

Entre nosotros es muy común culpar de casi todo a las autoridades. Ciertamente la autoridad tiene mucha responsabilidad en la creación y ejecución de los proyectos sociales, pero el buen patriota no espera cruzado de brazos a que las soluciones vengan de ese lado. 

Quienes nacimos en la guerra de España y vivimos la posguerra fuimos educados en nuestras familias en un sentido de sociedad que jamás eludía responsabilidad alguna. Nos decían que asumir responsabilidades comunitarias era amor a la Patria.

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