[Editorial] El mundo rural es prioridad

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:15 AM 2016-09-13

La desigualdad en Chile no solo se manifiesta en las brechas de ingresos de las familias, sino que también a través del acceso a bienes y servicios, donde además del poder adquisitivo, inciden otros factores, como la ruralidad. 

En la Provincia de Ñuble, donde el 35% de su población vive en zonas rurales, este tema es fundamental, porque se traduce en problemas de conectividad, transporte y de acceso a servicios básicos, como agua potable, electricidad, internet, salud y educación, entre otros. 

Un símbolo de esta brecha lo representa el alto porcentaje de rutas sin pavimentar en la provincia, que bordea el 80%, lo que dificulta el transporte de personas y carga, favoreciendo el aislamiento de las comunidades rurales, con negativas consecuencias en la calidad de vida de sus habitantes.

Esto también aplica para otras actividades económicas, como el turismo, considerado uno de los ejes de desarrollo económico de la provincia. De igual forma, las limitaciones de acceso a agua potable y a servicios sanitarios representa un obstáculo insuperable si se pretende entrar al negocio de la elaboración de alimentos o al turismo, lo que acrecienta aún más las desigualdades entre los habitantes de zonas rurales versus urbanas, lo que resulta paradójico si se considera que los mayores atractivos turísticos y el grueso de la producción agropecuaria se concentra precisamente en las zonas rurales. 

Esta desigualdad ha perpetuado las tradiciones en los campos de Ñuble, pero también la pobreza y el aislamiento, lo que ha tenido como principales consecuencias la progresiva migración de sus habitantes hacia las ciudades -con lo que las comunidades rurales además de despoblarse, se están envejeciendo-, y la reducción de las hectáreas de cultivos agrícolas, muchas de ellas hoy convertidas en plantaciones forestales.

Las cifras consignadas en el Anuario de Estadísticas Vitales 2014 que publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE) a inicios del presente mes, reveló precisamente que la provincia cuenta con las peores tasas de natalidad y mortalidad de la Región del Bío Bío y con comunas como Cobquecura, Ninhue y Ránquil donde muere más gente de la que nace, de modo que están decreciendo poblacionalmente. 

Frente a estas brechas, lamentablemente, poco ha hecho el Estado, pues lejos de avanzar en planes de mejoramiento de la calidad de vida rural, ha focalizado sus esfuerzos en las poblaciones urbanas, donde existe mayor concentración de habitantes, y por tanto, de votantes. 

Recién ahora se están desplegando algunos esfuerzos, como la incorporación del Valle del Itata al programa de Zonas Rezagadas, pero vistos en perspectiva, aún resultan insuficientes frente a la magnitud de las necesidades. 

Es por ello que la futura concreción del anhelo de ser región reviste un desafío emblemático para Ñuble, que es orientar buena parte de los recursos y la atención hacia las necesidades del mundo rural, que por años han sido postergadas debido, en gran medida, al centralismo que ha ejercido Chillán. 

La Región de Ñuble tendrá no solo el desafío de crecer y desarrollarse, sino que debe hacerlo de manera equitativa, con una adecuada planificación del desarrollo y del territorio, y recordando siempre que su origen está en la ruralidad hoy postergada, y que es donde se cultiva el futuro de la economía local. 

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