[Editorial] Nueva Región de innovadores

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 12:10 PM 2016-09-12

Recientemente se publicó la edición 2016 del Índice de Innovación Global, en el que nuestro país nuevamente experimenta una caída, ubicándose por cuarto año consecutivo bajo el lugar 40.

Más preocupante aún es el bajo desempeño en pilares relacionados con la investigación científica. Este año, el pilar de “Capital Humano e Investigación” fue el más bajo de los siete medidos por el Índice y, al observar los indicadores medidos en dicho pilar, preocupa la evaluación de “inversión en I+D”, donde Chile se encuentra bajo el lugar 60º de un total de 128 países incluidos en el estudio.

Los resultados del Índice de Innovación Global, alineado con recientes recomendaciones de la OCDE, sugieren claramente que el país necesita avanzar, entre otras cosas, en inversión en I+D a escala regional, lo mismo que un foco especial de asignación para las pequeñas y medianas empresas, cuya participación en el PIB local ha ido decayendo y que podrían encontrar aquí una oportunidad de frenar este comportamiento negativo, cuya expresión más sensible es la pérdida de empleos. 

Como en muchas cosas, para que todo cuaje, es necesario el trabajo conjunto, especialmente del mundo empresarial y académico. Sobre este punto, se advierte escasa cultura, incluso entre las universidades, donde rara vez se ve cooperación. 

Buscando las causas y las soluciones de este problema conviene ir más atrás y preguntarse qué se hace para educar desde la infancia en habilidades y valores como la responsabilidad, perseverancia, creatividad y paciencia, todas aptitudes que son necesarias para emprender e investigar. Lamentablemente, la educación escolar está más enfocada a los resultados que a los procesos, los jóvenes buscan obtener la mejor calificación más que aprender del procedimiento para lograr la meta y subvalora e incluso castiga los errores que ocurren en el camino, no obstante el yerro es un factor clave de una cultura para la innovación.

Las naciones llamadas emergentes y algunos de los países más ricos del mundo han sido capaces de comprender esta dinámica y han invertido grandes recursos en promover la ciencia desde el nivel escolar, fomentando la innovación y el emprendimiento. 

Contrariamente a lo que suele pensarse, no se requieren 50 años para avanzar sustancialmente en este tema. En la medida que exista voluntad, recursos y personas dispuestas a correr riesgos y a atreverse, esto es posible siempre que existan las instancias para que los proyectos innovadores puedan desarrollarse. 

Este es el siglo del conocimiento y en él la futura Región de Ñuble deberá competir apostando a su vocación agroalimentaria, donde hay un potencial enorme y pruebas fehacientes de apego a la innovación y capacidad creativa. De hecho, el agro ñublensino ha duplicado el número de tierras cultivadas y mejorado su productividad, con rubros que han penetrado en los mercados más exigentes del mundo. Además, tímidamente ha incorporado tecnología avanzada para la producción y si no lo ha hecho aún en la medida en que lo hacen otras regiones es porque en el arrebato individualista se han ignorado las bondades de la asociatividad y la generación de economías de escala. 

El diagnóstico es claro. La duda es cuánta convicción existe para transitar el camino de la innovación y no quedarse sólo en buenas intenciones o rimbombantes discursos.

 

Comentarios