[Editorial] Mala praxis electoral

Por: 12:10 PM 2016-09-12

No es casual que la política y sus actores gocen de tan mala fama cuando desde el origen de la representación, esto es la campaña electoral que antecede al voto, el ciudadano común y corriente constata un espectáculo de mañas y  agravios. Veamos al menos cinco desviaciones recientes que deben encender una alerta sobre la ética y calidad de la política electoral en nuestra zona. 

La primera es el acarreo de votantes que se ha producido en comunas rurales como Trehuaco y San Fabián de Alico, donde se constata, según información entregada por el Servicio Electoral (Servel) que la cantidad de inscritos en los padrones electorales supera a la población registrada por el INE en su más actualizada proyección. 

Una segunda desviación que contribuye al desprestigio de la política local la hallamos también en distintas comunas, donde los candidatos hacen caso omiso de las prohibiciones sobre regalos y pagos de cuentas de servicios. De hecho, esta semana hemos visto desde botellas de vino con la foto del candidato hasta canastas familiares para dirigentes vecinales cuya influencia puede ayudar a multiplicar el respaldo electoral. 

A lo anterior, se suman los aportes reservados, que si bien son legales y ahora tienen un tope de 15 UF ($387.827) para las candidaturas de alcalde, y 10 UF ($258.551) para las candidaturas de concejal), en comunas pequeñas pueden transformarse en verdaderos “compromisos” entre la autoridad y el aportante. 

Un cuarto aspecto revelador de este preocupante nivel de mala praxis es el ambiente crispado que ya no se advierte en la calle, en escaramuzas entre comandos, sino en las redes sociales donde se han detectado perfiles de Facebook falsos para denostar a candidatos rivales y hostigamiento a través de servicios de mensajería, como WhatsApp. 

Cierran este cuadro las encuestas utilizadas para hacer acción psicológica, transformadas en instrumentos de campaña y manipulación. Ejemplo de aquello tuvimos esta semana en Chillán Viejo con dos estudios de percepción política cuyos resultados son diametralmente opuestos, cada uno favorable para el candidato que la contrató y sin ningún rigor metodológico, pues en ambos casos sus realizadores solo se limitaron a informar el tamaño de la muestra (400 y 387 personas, respectivamente), sin entregar detalles sobre qué variables estadísticas influyeron en su determinación. 

Las campañas electorales son, después de todo, un reflejo corregido y aumentado de lo que es la vida política de una sociedad y lo que anticipan los ejemplos descritos no es nada bueno. Al respecto es bueno detenerse a pensar en qué medida la responsabilidad atañe tan solo a los políticos o, más bien, engloba a la sociedad en su conjunto. Porque si lo primero fuese cierto, la sociedad civil castigaría con su voto a los mentirosos, a los calumniadores o a los que aprovechan cualquier atajo para burlarse de la idealizada soberanía popular. Sin embargo, el sufragio expresa, entre nosotros, una suerte de voluntad delegativa que pone de manifiesto el poco interés de muchos votantes a la hora de premiar al que piensa y castigar al mañoso o al que camina al filo de la legalidad. 

Puede parecer el colmo de la ingenuidad esperar escrúpulos cuando el poder está en juego, pero desde estas páginas no perderemos oportunidad de alentar una mejor democracia local, a través de la prevención de todo tipo de acción abusiva, mentirosa o violenta, partiendo por las campañas electorales.

 

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