[Editorial] Crisis de representación

Por: Fotografía: Víctor Orellana 03:05 PM 2016-09-10

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó ayer la IV Encuesta Auditoría a la Democracia, estudio que realiza desde 2008 y que entrega evidencia sobre procesos y cambios de largo plazo en materia de percepciones relativas a la política, el funcionamiento del régimen democrático y la relación entre ciudadanía y sus representantes.

El resultado fue dramático: 9 de cada 10 chilenos considera que tanto el Congreso como las colectividades políticas, realizan muy mal o mal la función de representar los intereses de los ciudadanos. Tal cifra corrobora las conclusiones del anterior Informe del PNUD, en relación a que el país enfrenta un problema de carácter estructural desde hace ya más de una década. En consecuencia, el descontento de la ciudadanía con el funcionamiento del sistema político y sus instituciones ha sido paulatino más que repentino.

Es clara e indudable la responsabilidad en esta mala imagen de los políticos que nos han venido gobernando desde hace décadas. Sin embargo, hay que tener cuidado con la tendencia a la sobre simplificación y cargar toda la responsabilidad de lo bueno o malo que pase a los políticos. 

Igualmente, sería injusto y desalentador pensar que son todos iguales. Esa otra generalización es, en realidad, la mejor defensa para los que no la merecen. Los políticos no son todos iguales, como los ciudadanos tampoco lo son. Y, en verdad, ellos no son los únicos responsables del actual estado de cosas; parte de la ciudadanía comparte esa pesada carga. Son muchos los que, sin actuar en la política partidaria, se desempeñan en posiciones de liderazgo en la sociedad: empresarios, sindicalistas, docentes, profesionales, artistas, intelectuales, dirigentes deportivos, de organizaciones de la sociedad civil, etc. Y si bien es cierto que el grado de responsabilidad no es el mismo, la corresponsabilidad por la conducción de un país o una ciudad, es de toda su dirigencia. 

¿Asumimos entonces con honestidad nuestro grado de corresponsabilidad por las cuestiones públicas? ¿Son nuestras conductas tan distintas de la de los políticos que tanto criticamos? ¿Somos conscientes de nuestro rol en la sociedad? 

Al responder estas preguntas se llega a la conclusión de que los políticos nos representan bien. Que ellos son la imagen que el espejo nos devuelve. Que la pobreza de la política es equivalente a la pobreza de nuestras acciones. 

El gran problema es cómo se proyecta este fenómeno, pues las semillas de los que mañana serán nuestros políticos germinan diariamente a nuestro lado. Los políticos son, finalmente, emergentes de la sociedad que representan. 

El gran desafío será entonces reconocer, en primer lugar, nuestro grado de corresponsabilidad. Dejar de mirar siempre al político como el único responsable de nuestros pesares y comprender que entre todos hemos construido (el país, la región, la provincia o la comuna) que hoy tenemos. 

Para terminar con este círculo de desilusión, la sociedad, a través de todos sus dirigentes, en todos los niveles, debe iniciar una nueva cultura política basada en la humildad, la tolerancia, la buena gestión y el coraje para enfrentar los cambios necesarios. Y para que esto sea posible es imprescindible que los ciudadanos maduren y asuman que la política les pertenece, que son la razón de ser de ella y los destinatarios finales de todos sus anhelos.

 

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