[Editorial] Ordenanza contra las bolsas

Por: 2016-03-09

Pinto y Chillán Viejo son las comunas de Ñuble que a través de ordenanzas municipales están más cerca de limitar la entrega de bolsas plásticas en el comercio, tal y como ya se está haciendo en varias ciudades del sur del país. 
La normativa ambiental busca promover que supermercados y locales comerciales eliminen la entrega de mercadería en bolsas no biodegradables y se encuadra en políticas locales que al menos en este aspecto, merecen elogiarse, pues también plantean la adopción de medidas dirigidas a la reducción de la generación de residuos, la recuperación y el reciclaje. 
Ambas comunas, a través de normas muy similares, buscan promover el desarrollo de la producción de bolsas biodegradables y la reducción progresiva de las que no lo son. Ambas, también, hacen buen uso de la experiencia comparada -de Torres del Paine, Puerto Varas y Pucón- que son referentes nacionales en esta materia. 
Precisamente, en el ejercicio de comparar además se constata que objetivos como el que se quieren trazar Pinto y Chillán Viejo pueden alcanzarse en un plazo relativamente corto, de 5 años, siempre y cuando se entienda que abandonar las bolsas plásticas supone un cambio cultural y se actúe en consecuencia. Eso significa complementar esta medida con otras disposiciones e incentivos económicos, en especial dirigidos a pymes, para facilitar su reconversión, y para que empresas e instituciones y organismos públicos que envían correspondencia en sobres no biodegradables, los reemplacen por aquellos que no sean nocivos para el medio ambiente.  
Detrás de este cambio, en apariencia simple, hay una nueva mirada sobre nuestras costumbres. No se trata solo de eliminar una bolsa de polietileno; significa asumir que nuestros hábitos de consumo están afectando el planeta y es momento de cambiar. 
Se estima que solo en Chile se desechan 500 bolsas por persona cada doce meses, lo cual equivale a varios cientos de millones por año. En el mundo, se calcula que se utilizan más de 500.000 millones de estas bolsas, lo cual termina a menudo afectando gravemente la vida silvestre, sobre todo la fauna marina. Por eso, es loable el propósito de minimizar el impacto que provoca la abundancia de estas bolsas en los rellenos sanitarios, los cursos de agua y el paisaje, como consecuencia de su gran perdurabilidad, calculada en alrededor de 300 años. 
Sin embargo, también hay que reconocer que, en muchos casos, la aparición de estas pequeñas bolsas en cualquier sitio se debe a un sistema de manejo de residuos obsoleto y desaprensivo como son los basurales clandestinos, y sobre los cuales también es necesario educar. 
Como todo cambio, esta iniciativa despertará resistencias en algunos sectores, y por lo mismo debe esperarse el compromiso férreo por parte de las autoridades sobre su aplicabilidad, pues en materia ambiental, es mucho peor una norma que no se aplica que la ausencia de regulaciones y en este caso, la falta de una efectiva vigencia solo profundizará el escaso compromiso de los ciudadanos con el entorno. 
Es de esperar que otras comunas que han anunciado similares medidas, pero que solo se han quedado en el enunciado, avancen con mayor convicción, pues desalentar el uso del embalaje innecesario en todos los productos que utilizamos es un acto responsable no solo frente al planeta, sino también a las generaciones futuras.

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