[Editorial] La peor temporada

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:45 AM 2016-09-06

Nadie discute que el turismo invernal es una actividad económica importante en Ñuble, al punto que el destino Termas de Chillán es el de mayor proyección internacional de la Región del Bío Bío.  Importantes inversiones en infraestructura turística se han desarrollado en la montaña en la última década, desde Las Trancas hasta Nevados, lo que confirma el gran potencial de esta zona, así como el fuerte dinamismo que comenzó a exhibir desde fines de 2008. 

Por lo mismo, lo ocurrido esta temporada, la peor en ocho años en que el complejo es operado por Nevados de Chillán, es una situación que debería preocupar no solo a la empresa. 

Este año el centro de esquí operó solo entre el 4 de julio y el 4 de septiembre y vendió solo 45 mil tickets, la mitad de lo registrado el año pasado, cuando la temporada se extendió entre el 25 de junio y el 27 de septiembre. 

Las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) también lo confirman: en 17.7% disminuyó el número de llegadas de pasajeros (16.280) a Chillán y el Valle Las Trancas en julio de este año, en comparación con igual mes del año pasado.

La concesionaria ayer puso paños fríos al tema, explicando que para un período tan breve el resultado fue positivo, no sin reconocer la mala publicidad que les causó la actividad del volcán Chillán. 

El problema es que la duración de la temporada y el desempeño del centro de esquí no solo son factores gravitantes para los bolsillos de Nevados, sino para todo el Valle Las Trancas y también para Chillán, que este año recibirá menos recursos por la concesión municipal.   

Es indesmentible que 2016 nos mostrará una pérdida de dinamismo, y a la hora del análisis sería conveniente ir más allá de la menor duración de la temporada (nieve). La competencia de Corralco (Malalcahuello) ya es un hecho, lo mismo que la baja en la llegada de turistas extranjeros y de la Región Metropolitana, y el efecto comunicacional del volcán Chillán, que debe ser manejado de una forma más proactiva, sobre todo ante los operadores internacionales. 

Es por lo anterior que si se quiere enfrentar la coyuntura y recuperar la tendencia de crecimiento que se venía observando desde 2011, pero además proyectar el complejo cordillerano que será uno de los activos más importantes de la futura Región de Ñuble,  el  sector privado y el sector público deben definir de una vez por todas una estrategia integral con líneas de acción claras, de manera participativa, de corto y largo plazo, lo que hoy claramente no está ocurriendo. De hecho, es sabido que los empresarios trabajan de manera aislada, con un bajo nivel de asociatividad y un largo historial de propuestas colectivas de promoción y nuevos negocios que han  fracasado. 

Una estrategia de desarrollo para la cordillera de Ñuble debe considerar aspectos como la sustentabilidad, la conectividad, el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios y turísticos, la promoción y difusión, pero fundamentalmente, la capacitación de los empresarios y trabajadores y la calidad del servicio. Hoy, la calidad del servicio juega un rol fundamental en el negocio turístico, y cualquier deficiencia en este ámbito puede significar el desprestigio permanente no solo para un restaurante o cabaña, sino que para todo el destino. En un mercado con una oferta cada vez más amplia en turismo de invierno, la Región de Ñuble debe asumir la tarea de incorporar más visiones en la definición de un plan estratégico integral para abordar los nuevos desafíos y así, seguir creciendo.

 

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