“Los parlamentarios no tienen idea del tema agrícola”

Por: Roberto Fernández Fotografía: Fernando Villa 10:00 PM 2016-08-31

Fernando May Colvin (89), el “padre del tranque Coihueco” -llamado así porque fue el principal impulsor de su construcción- tiene una mirada optimista respecto del futuro agrícola de la Provincia de Ñuble, destacando la oportunidad que representa el cambio climático para la zona, al punto que asegura que en el futuro, ciudades como Chillán, Linares y Talca serán “agrópolis”, es decir, urbes que dependerán en un alto porcentaje de la actividad agrícola, directa e indirectamente, con el desarrollo de servicios relacionados.


Agrónomo de profesión y agricultor, siempre afirma que el embalse Coihueco es un hijo más, porque trabajó en ese proyecto desde su génesis, con estudios de ingeniería promovió su construcción ante los ex Presidentes Ibáñez del Campo, Alessandri Rodríguez y Frei Montalva, en cuyo Gobierno se inauguró.
Por eso entiende la importancia del agua como factor clave del desarrollo y recuerda el cambio sustantivo que se vivió en Coihueco en estas décadas, en que cientos de pequeños agricultores dejaron gradualmente de transitar a caballo por calles de tierra y actualmente manejan modernas camionetas doble tracción en calles pavimentadas.


“Yo sé que esta cuestión del agua es milagrosa, el agua es la agricultura misma”, expresa con vehemencia al tiempo que plantea la necesidad de seguir invirtiendo en obras de riego, y anticipa que el embalse La Punilla tendrá un positivo efecto en la zona: “Yo veo una gran oportunidad, por ejemplo, para los cultivos orgánicos en Coihueco, un negocio muy rentable y con grandes proyecciones, porque la demanda de los mercados internacionales por estos productos es creciente”.


Con la perspectiva que da la experiencia, describe las potencialidades agrícolas que tiene cada zona de Ñuble, desde el secano costero a la precordillera, por sus diferencias de suelo y clima, y valora el fuerte crecimiento de los cultivos frutícolas orientados a la exportación.


Y por otro lado, asevera que el embalse Chillán no se va a poder construir en su ubicación proyectada. “Recuerdo que yo era muy joven, hace unos setenta años, en que acompañé a mi padre y a un experto, a caballo, por la ribera del río Chillán, en busca de un área apta para construir un embalse, hasta que el ingeniero se detuvo y dijo que no iba a continuar. La pendiente era muy pronunciada y haría muy costosa la inversión, así que nos volvimos”.


Pero llama a seguir aunando esfuerzos para concretar obras de riego. “Hay un desafío enorme, se debe invertir en embalses y en obras de eficiencia de riego, por eso yo destaco la Ley 18.450 de fomento al riego, porque el Estado bonifica hasta con un 80% los proyectos”.


Código de aguas
Consultado por la incertidumbre que ha generado entre los regantes la discusión sobre las reformas al Código de Aguas, el profesional manifiesta que hay algo de exageración en el discurso: “a los que tienen derechos inscritos, demuestran que usan el agua y realizan labores de limpieza de canales, no les va a pasar nada”.


Precisa, sin embargo, que han sido los regantes los que hicieron las obras de riego más grandes de Chile y que recién hace 50 años el Estado se preocupó: “los agricultores, las organizaciones de regantes se dieron su reglamentación, porque no había nada, no había ningún empeño del MOP de hacer obras de riego”. Y continúa: “Es verdad que se han estado haciendo negocios (especulación) con los derechos de agua, especialmente en el norte (...) Es bueno que se regule el mercado”, pero sostiene que debe haber una base técnica seria en el debate, que se debe consultar a los expertos, a los regantes, a las organizaciones de usuarios de aguas. Por eso  lamenta la falta de preparación de los legisladores para abordar éste y otros temas del sector: “Los parlamentarios no tienen idea del tema agrícola, espero que algunos estén estudiando”.

Innovación
May fue director zonal de Indap en los sesenta; participó en la formación del liceo de Coihueco, donde enseñó Geografía; colaboró con el Obispado en brindar asistencia técnica a los parceleros de la reforma agraria; fue alcalde de Coihueco antes y después de la dictadura militar; y seremi de Agricultura durante el Gobierno de Patricio Aylwin.


Vive la mitad del año en Chillán, y en los meses cálidos permanece en el Fundo Las Pataguas, en Coihueco, donde ha innovado en la fruticultura, ha experimentado y ha cosechado importantes éxitos. Ese fundo, al que llegó siendo muy joven, recién titulado en Santiago, fue expropiado por dos gobiernos, y pasó de las mil hectáreas originales, a las 80 hectáreas que tiene hoy. Y es que a partir de la adversidad, ha logrado transformar las crisis en oportunidades, pues la menor disponibilidad de suelo lo llevó a buscar la forma de rentabilizar la tierra.


Fue uno de los primeros que plantó arándanos en Chile y también probó con los caquis e introdujo las frambuesas, además, participó en la creación de Andes Austral, empresa pionera en la exportación de frambuesas, moras, espárragos y hongos congelados. Hoy, junto a su hijo Fernando, produce arándanos, espárragos, trigo y maíz.


Y su espíritu inquieto lo tiene involucrado actualmente en la domesticación y selección genética del maqui, una planta que crece de manera silvestre y cuyo fruto tiene un gran potencial de crecimiento, por sus propiedades benéficas para la salud. Es un proyecto de largo aliento que está desarrollando en conjunto con la Universidad del Bío-Bío, en Las Pataguas.


Forestales
En su análisis las alusiones a Coihueco son reiteradas, y al observar la precordillera se detiene en el avance de las plantaciones forestales.
“Hay una gran cantidad de terrenos perdidos, suelo que no está utilizado. Hay plantaciones de pino y eucaliptos, y lo que no, es bosque nativo”, sostiene, destacando que es lamentable que suelos con aptitud agrícola estén cubiertos por plantaciones forestales, donde uno de los casos emblemáticos es el del área de riego del sistema Laja-Diguillín, en que el Estado invirtió importantes recursos, pero algunas zonas fueron plantadas con pinos y eucaliptos. Y aborda el problema de la competencia por el uso de agua, asegurando que no hay dudas sobre el alto consumo que demandan las plantaciones forestales, un tema que no sería relevante si no hubiera una escasez hídrica, agrega.


De igual forma, critica la concentración de la propiedad en el rubro forestal: “Que una actividad tan importante sea de tres empresas, con millones de hectáreas, es un asunto que no nos puede convenir. Esta gente se hizo de las tierras muy apoyada por Pinochet. Y es una inversión que hizo bajar a toda la gente, a todos los montañeses, desapareció una cultura, una forma de vida”, recuerda, así como también describe el proceso de despoblamiento en zonas rurales de Coihueco, cuyo mejor ejemplo es el cierre de escuelas.“Las forestales han sido un desastre social para aquellos que vivían ahí, pero también fue una bendición, porque evitó que esas tierras se erosionaran”, expone.


En ese sentido, alerta sobre la desaparición de la cultura campesina y la escasez de mano de obra para labores agrícolas, lo que está asociado no solo a las plantaciones, sino que a un fenómeno más complejo en el cual un factor relevante es que no se ha dado la importancia que le corresponde a la agricultura, “en circunstancias que la población está aumentando y requiere de alimentos, la agricultura es estratégica para el desarrollo, no solo por eso, sino porque en el futuro será un gran demandante de servicios”.

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