Opinión: Profesor chillanejo contó garabatos a humoristas de Viña

Por: 2016-03-08

Por Carlos René Ibacache

Miembro de la Academia Chilena de la Lengua

Nuevamente Viña del Mar me sorprendió con su festival musical, tribuna de más de 15 mil personas, auditores de Chile y del extranjero, que no lograron escandalizarse por el uso del peor vocabulario del idioma español empleado por los humoristas de esta versión 2016. Muy por el contrario, la pantalla nos mostraba el regocijo de la gente que escuchaba y aplaudía a rabiar esta jerga, que con el nombre de garabato, campea en los suburbios, sin educación y sin respeto. Me ha llamado la atención, que ninguna voz, ni oral ni escrita se haya hecho presente ante tanta brutalidad verbal.

Los comentarios, que a favor o en contra  se han emitido, han sido consideraciones sobre la música y los chistes contra los políticos. Pero sobre el lenguaje, ninguna palabra de censura o de protesta en las cartas a los directores de diarios, a los editoriales o a los comentaristas o entrevistadores. Es como si nada hubiera pasado. Los animadores estaban en lo suyo, tenía la obligación de encontrar todo bueno y hasta excelente. Su situación culminaba con la entrega de dos gaviotas, una de  plata y la otra de oro. Esto me hace pensar que este problema afecta a la nación entera, incluidos los niños, las mujeres y las autoridades.

Quienes deben estar muy disgustados deben ser los lingüistas y autores calificados de libros, donde este problema está por ellos tratado. 

Ahí tenemos a don Andrés Cox Balmaceda, que nos dejó su libro “Lenguaje y vida”; a la profesora Teresa Clerc, Premio Nacional de Educación 1914: don Otto Dorr, lingüista y siquiatra, quien escribió un libro que se llama “Fenomelogía del lenguaje y esquizofrenia” y hasta yo, que tuve la ocurrencia de escribir un libro con el nombre de “La palabra perdida”, como un desafío para que los estudiantes busquen la palabra perdida por medio de la lectura. 

Nada de esto le sirvió a don Edo Caroe, que en su rutina de una hora utilizó 140 garabatos; y don Rodrigo González, para no ser menos, utilizó 150 garabatos. 

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