¿Una educación de calidad sin filosofía?

Por: Germán Gómez Veas 2016-08-25
Germán Gómez Veas
html head title/title /head body phtml head title/title /head body phtml head title/title /head body p style="text-align: justify;"Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial./p /body /html/p /body /html/p /body /html

Varios medios de comunicación han difundido la noticia de que el Ministerio de Educación tendría hoy, el propósito de suprimir o disminuir la enseñanza de la filosofía en el sistema escolar. Sin embargo ninguna autoridad de esa cartera se ha referido con precisión acerca de esta situación. 

Es necesario tener presente que el rumbo de la incomprensible política pública de deteriorar la enseñanza de la filosofía comenzó hace exactos 20 años, con  la reforma educacional de 1996. 

En efecto, en esa reforma que liderara el Presidente Frei, y cuyo eslogan fue mejorar la calidad de la enseñanza poniendo el centro en el “aprender a prender”, ya se disminuyeron las horas de filosofía en el programa obligatorio. A partir de esa medida del gobierno de turno, la situación de la filosofía en el curriculum escolar es precaria. 

Ahora bien, que el espacio de la filosofía en el curriculum caiga desde la precariedad a la inexistencia sería un acto gravísimo, con consecuencias nocivas en la formación de los jóvenes.  

Valga como ilustración en una configuración amplia, que las humanidades facilitan una comprensión crítica de la sociedad actual y propician la correcta valoración de aquello que posibilita una evolución progresiva del entramado relacional genuinamente humano. 

Y en una perspectiva más particular, merece la pena subrayar que los jóvenes se benefician con la filosofía en cuanto ésta les abre horizontes para planteamientos profundos acerca de las materias fundamentales que afectan a la vida de las mujeres y de los hombres, en un contexto social con enormes y dinámicos desafíos, que en ciertos aspectos aparecen incluso, con una apariencia de ser insondables. 

Al mismo tiempo, es sabido que esta rama de los saberes liberales fomenta y ejercita las dimensiones del pensamiento crítico, propiciando y asistiendo la evolución progresiva de la capacidad de cuestionar, imaginar, evaluar, formular hipótesis o aplicar principios, en narraciones verbales o escritas.

¿Cómo no habrá una autoridad en el Mineduc que comprenda lo fundamental que es la enseñanza de la filosofía en los niños, jóvenes, y ponga las cosas en su lugar? Si de verdad a alguna de las altas autoridades que presiden el Ministerio de Educación le interesa la calidad educacional, entonces debería promover una medida en la dirección exactamente contraria. 

Llevamos más de veinte años escuchando un doble discurso de las autoridades, en el sentido de que ellas dicen buscar mejorar la calidad de la educación,  pero en la práctica no hacen mucho en esa dirección.

¿Qué hacer? En breve, el cambio necesario implicaría robustecer la filosofía en cuanto asignatura, recuperando las horas de clases que el plan de estudios consideraba hasta antes de 1996. 

Más aún, si se tuviese una visión más amplia del objetivo pedagógico, sería esperable que se incluyera la enseñanza de esta disciplina desde los cursos de educación básica, pues hay suficiente evidencia de que los programas de filosofía para niños han contribuido en la formación moral, en el desarrollo del razonamiento lógico, y en la estimulación temprana del pensamiento crítico. 

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