El arquero ‘kamizake’ que se jugaba la vida en cada pelota

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Mauricio Ulloa 2016-08-22

“Para mí fue una gran sorpresa cuando supe que se haría un evento  donde nos encontraríamos los jugadores que algún día defendimos a Ñublense. Sobre todo, aquellos que sin ser de Chillán nos quedamos en esta tierra, porque yo soy un agradecido de Ñublense, ya que pude seguir estudiando acá, formé una familia con mi señora de Chillán. Yo llegué de Mulchén y mi trabajo fue siempre en el Banco Concepción y después en Corpbanca, por eso estaré siempre agradecido. Estos cien años quería compartir con mis ex compañeros  y disfrutar un lindo momento”.


La reflexión con los ojos vidriosos es de Miguel Durán, recordado espigado y delgado arquero que atajó entre 1964 y 1970 en Ñublense.


Hoy radicado en Chillán, su tierra adoptiva en la que se quedó tras llegar de su natal Mulchén, confiesa en medio de la celebración del “Centenario” del club, que la institución marcó su vida. 


Mientras bromea y se abraza con sus contemporáneos como Rómulo Oses, Luis Venzano, el “Camello” Salazar y otros de décadas más recientes, repasa una historia en rojo de la que se siente parte y protagonista.


El otrora arquero de los ‘60 fue uno de los innumerables buenos porteros que han pasado por la tienda chillaneja, ya que si hay un puesto en el que Ñublense históricamente ha tenido sólidos exponentes, es el de arquero.


- ¿Cómo arribó a Ñublense proveniente de Mulchén?
- Yo llegué acá en 1964 con 19 años y conocí a grandes jugadores en ese plantel de Ñublense, como Antolín Sepúlveda, Segundo Castro, Rómulo Oses, Luis Pérez, Eduardo Cortázar, Orlando Muñoz, Neftalí Vásquez, Esaú Bravo, José Bravo, Miguel Ángel Stella, Walter Pedutto, que después fue mi técnico. Yo estuve hasta el 71, cuando le entregué mi puesto a Mario Osbén.


- Usted integró el plantel de 1969 que fue subcampeón de la Segunda División tras perder el título a manos de Lota Schwager.
- Sí, salimos segundos, porque el campeón fue Lota Schwager. Teníamos un gran plantel con Talo Vásquez, Óscar Salinas en el arco, Osvaldo González, Santiago Ripoll, estuvimos a punto de subir.


LOS GOLPES TRUNCARON SU CARRERA
- ¿El 71 le traspasa los guantes al gran Mario Osbén y por qué no siguió atajando?

- Sí, le entregué el puesto a Mario. Pero no pude jugar más desgraciadamente porque tuve tres golpes en la cabeza. Tres politraumatismos. Una vez en Coquimbo, otra vez en Talcahuano y otra vez en Chillán. Lo que pasa es que yo era un arquero arriesgado, que me tiraba a las piernas a cazar la pelota y muchas veces chocaba con las canillas de los jugadores  y quedaba inconsciente con golpes graves. Por eso el 71 no pude seguir.


- ¿Cuáles eran sus principales cualidades como arquero de Ñublense?
- Mira, yo tenía una gran habilidad que era el salto, así que afortunadamente no me hacían muchos goles de juego aéreo porque esas pelotas las sacaba todas. Con puños o mano. Saltaba harto. Me acompañaba mi peso porque nunca fui gordo, era delgado. Ese punto tenía a favor, también tenía buena salida a los pies, arriesgaba mucho en cada pelota para atajarla o impedir que me hicieran el gol.


- ¿Qué jugadores marcaron diferencias en su época?
- Mire, Eduardo Cortázar, que fue un gran jugador. También el portero argentino Óscar Salinas, que era muy bueno y buen compañero. También está Neftalí “Talo” Vásquez.


EL MEJOR ARQUERO DEL ROJO
- ¿Cuál fue el mejor arquero que ha visto a jugar en toda la historia de Ñublense?

- Bueno, Óscar Salinas era un gran arquero argentino de gran nivel sin lugar a dudas, y además, muy buen amigo. También destaco a Luis Pérez y Antonio Muñoz. Y no dejo afuera a Marcos Morales que atajaba bien en los 80. No sé si recuerdan al argentino Carlos Varela, que medía como dos metros y dejaba los guantes arriba en el horizontal sin siquiera saltar. Era grande, después se fue a México y tuvo un problema. Creo que en un accidente perdió uno de sus brazos. Fue lamentable.


- ¿Qué significó Ñublense en su carrera deportiva?
- Primero, el club que me permitió formar mi familia en Chillán, donde me quedé. Antes uno amaba su club, amaba la camiseta y jugaba más por ella, entonces eso hizo querer más a este club. A mí me duele mucho cuando pierde Ñublense, porque tengo los mejores recuerdos, estoy agradecido porque yo era bancario, siempre lo fui y Ñublense me daba la posibilidad de trabajar allá y entrenar sin molestarme y el Banco, a su vez, me daba la autorización para entrenar de 5 a 7 de la tarde y después volvía al banco. Entonces, el agradecimiento que hay con Ñublense es tremendo.
 

- Es decir, Ñublense le permitió radicarse en Chillán y formar su familia.

- Así es, tuve dos hijos con mi señora, uno es médico y la otra ingeniero comercial. Tengo 71 años y me radiqué en este Chillán que me permitió seguir mi carrera y compartir con grandes jugadores de Ñublense. Atajé varias temporadas y siento que me empapé de la mística de un equipo de mucho sacrificio.

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