Cables por todos lados

Por: 08:25 AM 2016-08-17

El problema de la contaminación visual generada por los cables aéreos en el centro de Chillán es de larga data y se encuentra entre los asuntos que la ciudadanía considera urgente solucionar, como lo han demostrado diferentes sondeos y estudios de opinión. De hecho, la última encuesta realizada por la UBB y La Discusión, en julio pasado, así lo demuestra, ubicándose entre las cuatro primeras prioridades junto a la contaminación del aire y las la remodelaciones de las avenidas Alonso de Ercilla y Vicente Méndez.

La primera iniciativa al respecto data de los años ochenta, cuando el entonces alcalde Héctor Canahuate impulsó un ambicioso proyecto que buscaba soterrar el cableado en la Plaza de Armas y en las calles circundantes, sin embargo, en la práctica, el sistema de ductos que se instaló bajo las veredas no fue utilizado por las empresas de telecomunicaciones y el resultado se puede observar hoy. 

Luego de aquello, se han intentado llevar a cabo iniciativas similares, sin que éstas lleguen a buen término, mientras el enjambre de cables creció de modo exponencial. Según estimaciones del municipio, el 70% de todo el cableado de la ciudad se encuentra en desuso. 

Y así como Chillán, otras ciudades también han intentado solucionar este problema, y algunas con más éxito que la capital de Ñuble. En Concepción, por ejemplo, durante la década pasada se avanzó en un proyecto llamado poliducto, que buscaba el trabajo colaborativo de las distintas empresas, sin embargo, el mecanismo dejó de generar el interés inicial y el desafío quedó trunco.

En 2013, hubo un nuevo frustrado intento de elaborar una ordenanza municipal que obligara a las empresas a hacerse cargo de sus conexiones en las nuevas urbanizaciones, mediante el soterramiento. Tal iniciativa seguía el ejemplo de otras ciudades como Valdivia, donde una ordenanza inédita en Chile obliga a las empresas de servicios (electricidad y telecomunicaciones, principalmente) a hacerse cargo de la limpieza del tendido aéreo, retirando aquellos cables que estén en desuso. 

El cuadro expuesto lleva a reflexionar sobre dos temas. En primer lugar, la necesidad urgente de retirar el cableado en desuso, tema que requiere la dictación de una ordenanza por parte del municipio chillanejo, pues ha quedado demostrado por la experiencia local y de otras urbes, que la buena voluntad de las empresas no basta por sí sola. En segundo lugar, la conveniencia de abordar de manera definitiva el problema del cableado subterráneo como solución no solo para el centro, sino que para todo el territorio comunal. 

Así como las industrias se hacen cargo de sus externalidades negativas, como la emisión de contaminantes a la atmósfera, es justo que las empresas de servicios que generan contaminación visual también lo hagan, lo que claramente no está definido en la legislación chilena. Solo existe un proyecto de ley que duerme en el Senado y que propone obligar a todas las empresas a soterrar sus cables en las ciudades con más de 50 mil habitantes. 

Sin embargo, la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades faculta a los municipios para establecer normas relativas a la limpieza del cableado. En cuanto al soterramiento, la solución, mientras no se apruebe una ley respectiva, estará en manos de la capacidad de gestión del municipio, mediante la generación de incentivos y la implementación de este sistema en las nuevas urbanizaciones a través de una ordenanza tan necesaria como aún ausente en la futura capital de la Región de Ñuble.  
 

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