Mujer contra mujer

Por: María Loreto Mora Olate 2016-08-17
María Loreto Mora Olate
Dra. (c) en Educación. Universidad del Bío-Bío. Becaria Doctoral Conicyt.

Profesora de Castellano, Licenciada en Educación y Magíster en Educación. Universidad del Bío-Bío. Máster en Asesoramiento Educativo Familiar. Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense. Madrid. Diplomada en Fomento de la Lectura y la Literatura Infantil y Juvenil. Pontificia Universidad Católica. Docente Facultad de Educación y Humanidades de Universidad del Bío-Bío. Chillán. Investigadora de la revista cultural "Quinchamalí".

Lo de ser primera, pareciera ser una constante en Michelle Bachelet: fue la primera Presidenta de Chile en 2006, la primera presidenta pro tempore de Unasur y la primera encargada de ONU Mujeres, agencia de las Naciones Unidas para la igualdad de género, puesto al cual renunció para ser candidata, llegando nuevamente a la presidencia del país en 2014.

Dando cumplimiento a una promesa de campaña, se crean dos universidades estatales en las regiones de O’Higgins y Aysén, nombrando en esta última a la Dra. Roxana Pey Tumanoff, constituyendo un hito, ya que sería la primera rectora en la historia de las universidades estatales. Hasta aquí todo bien. El nombramiento de Pey fue apoyado no por la simpatía hacia su género, sino por su trayectoria académica y experticia en temas relacionados con educación superior, no por nada estuvo poco más de un año desempeñándose como asesora del Ministerio para la reforma de la educación superior.

Si leemos con fineza el devenir histórico, las mujeres llegaron primero a la Presidencia de la República y un poco más tarde a la rectoría de una universidad estatal, lo cual no extraña a las mujeres de la academia, donde no solo escasean rectoras, sino también decanas, pero hay presencia mayoritaria en cargos de ejecución, como lo son las jefaturas de carrera. Entonces, de la mano de la única mujer que ha sido Presidenta, al fin teníamos una rectora. 

No obstante, la rectora Pey con sus críticas al CAE, herencia nefasta de Ricardo Lagos y del ministro Sergio Bitar, le valieron su salida. En palabras simples, por pensar diferente es destituida, por ser consciente que en sus manos estaba la posibilidad de asegurar el fin del mercado en la educación, la misma mujer que la nombró la destituye. La misma mujer que sufrió literalmente en carne propia la violencia de la dictadura, el desarraigo del exilio, la saca del camino. La misma mujer que regresa a Chile para asumir un segundo mandato presidencial y que miró desde lejos las demandas del movimiento estudiantil del 2011, las cuales ella dice escuchar, acalla a Roxana Pey, quien en su crítica desea dar un paso concreto y no solo quedarse en la consigna. Esa es la diferencia entre Bachelet y Pey, una Presidenta que dice “paso” cuando no sabe qué responder o que apela al género de manera acomodaticia (recordemos el caso Caval y el cuestionamiento que recibió por priorizar su rol de madre), frente a una rectora que se empoderó en su rol de fundar la universidad estatal en Aysén y conforme a eso actuó, formulando cuestionamientos que han sido parte de las demandas del movimiento estudiantil y que han encontrado eco en varios rectores del Cruch. Ocurre que Roxana Pey no actuó como como una operadora política o una funcionaria que debe callar lo que piensa por “cuidar el puesto” y ser condescendiente con la jefa; al contrario, su actuar fue conforme al mandato recibido en el marco de la autonomía universitaria. 

Esta destitución, por una parte, corrobora las críticas que los rectores del Cruch han planteado al citado proyecto, el cual a su juicio, promovería la intervención de los gobiernos de turnos en las universidades estatales, con la presencia de cuatro representantes del Presidente/a en el consejo directivo de las casas de estudios superiores; y por otra, conlleva un acto de censura, que sintoniza, esta vez desafortunadamente, con aquello de ser primera: Bachelet pasa a la historia como la primera Presidenta, que en democracia, destituye a una rectora. Sin duda, un flash back  a la dictadura en medio de la mala película que ha sido su segundo mandato. 

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