Plan antirrobos al comercio

Por: Fotografía: Agencia Uno 08:55 AM 2016-08-16

Desde hace a lo menos tres años que los robos que afectan al comercio, especialmente en las noches y que tienden a ser millonarios marcan la pauta policial en Chillán. La Plataforma Estadística de Carabineros (Pacic) muestra una preocupante tendencia al aumento de este delito, con variaciones estacionales que van desde 4% a 30%, pero siempre creciendo. Por otra parte, un estudio reciente hecho por la Fundación Paz Ciudadana, muestra que Chillán es la ciudad de Chile donde la variación sobre este tipo de robos es la más alta de todas, con un 4.3. Estimaciones locales cifran en más de mil millones de pesos las pérdidas anuales que deja este delito que afecta desde grandes casas comerciales a pequeños locales y bodegas.

Por lo mismo, el anuncio realizado la semana pasada por el Ministerio Público, de aplicar en la comuna el nuevo Sistema de Análisis Criminal y Focos Investigativos (SACFI) ideado para combatir específicamente el delito de robo en lugar habitado, ha generado positivas expectativas entre los comerciantes, que ven en esta iniciativa -que consiste en cruzar información específica de los delincuentes y delitos entre organizaciones de la sociedad civil y las policías- un positivo reconocimiento a la gravedad que ha adquirido este asunto.

La hoja de ruta de este delito que parte por las deficitarias condiciones de seguridad con las que trabajan algunos comerciantes, sigue por los ladrones que aprovechan tales debilidades, las sanciones de menor entidad que se asocian a este delito; y terminan con la participación de muchos vecinos, quienes por querer comprar en el mercado informal artículos nuevos a mitad de precio, terminan siendo ellos los que fomentan al ladrón a seguir robando.

En efecto, el diagnóstico es bastante claro. Las policías coinciden en que hay cierto descuido de parte del comercio y que los más propensos a sufrir robos son aquellos locales que cuentan con pocas medidas de seguridad y aquellos que guardan especies de muy alto valor y fáciles de reducir, como joyas y dispositivos tecnológicos.

Por otra parte, ha quedado establecido que es un mito aquello de que los delincuentes que dan grandes golpes en el comercio local sean personas de otras ciudades. De hecho, han identificado a los integrantes de varias bandas que incluso venden los artículos robados a través de redes sociales o en ferias informales en sus propios barrios, lo que se conecta con otro eslabón de esta cadena, difícil de pesquisar, como es la compra de especies robadas.

Del total de denuncias, en 30% se logran detenciones. Si ello ocurre dentro del local, los responsables son imputados por robo frustrado, que tiene penas muy bajas y si los detienen diez minutos después y a cinco cuadras del lugar, se les aplica la figura de receptación, que también tiene sanciones leves, lo que obviamente se traduce en un incentivo para los delincuentes.  

Lamentablemente, a nivel legislativo no ha prosperado la idea de modificar el Código Penal para facultar la persecución del robo en lugar habitado como delito con pena de crimen, es decir con prisión preventiva y condenas que partirían en 5 años y un día de cárcel para sus autores, como ya ocurrió con los robos a cajeros automáticos.

El delito, sea cual fuere su naturaleza o modalidad, siempre es cruel y perverso, y en tanto pueda hacer gala de impunidad, irá tejiendo en torno del conjunto de la sociedad una red de aprensiones y temores hasta lograr desgastarla y tornarla indefensa. Eso está ocurriendo y explica por qué en encuestas recientes un elevado porcentaje de la población de Chillán admite ser presa de una sensación de desprotección ante el asedio de la delincuencia. 

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