Centenario

Por: Rodrigo Oses 2016-08-16
Rodrigo Oses

Desde su origen Ñublense tuvo un profundo arraigo popular. Su base se cimentó en el sentimiento de un grupo de idealistas estudiantes del Liceo de Hombres liderados por el profesor Manuel Lara y se forjó en el corazón del Mercado con el apoyo irrestricto de esforzados feriantes que jamás abandonaron a los primeros jugadores del club, cuando escaseaban los recursos y abundaba el hambre. Así el elenco de los “diablos rojos” se nutrió de dos sectores emblemáticos de la sociedad chillaneja. Ahí está su alma mater. Su fuente de inicial inspiración. Los primeros años de Ñublense en el profesionalismo estuvieron marcados por el espíritu combativo de jugadores identificados a muerte con la divisa, como Eduardo Cortázar, que antes defendió, precisamente, al Deportivo Liceo y con 16 años se calzó la roja ñublensina, y por la garra que desde la galería del “Mercado” le contagiaban a los jugadores los feriantes que de madrugada comenzaban la faena.

Por eso en la actualidad da pena ver a Ñublense tan despojado del seno de sus orígenes. Pocos son los estudiantes que van al estadio y escasos los feriantes que se sienten parte de este proyecto del que fueron protagonistas a nivel directivo y como fanáticos.

En vísperas de este Centenario, lo realmente deprimente no es comprobar que el club atraviesa una etapa de mediocridad deportiva, sino que su identidad la hicieron trizas. Su rico pasado. Es tarea de todos, de la S.A. que dotó de su primer gran bien material al club, el Complejo Paso Alejo, de los hinchas, la dirigencia y la prensa, contribuir a devolverle esa mística.

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